Amenaza de buen ejemplo venezolano perturba a Washington
Noticias de Prensa Latina -
La amenaza del buen ejemplo de la revolución bolivariana en Venezuela perturba a Estados Unidos en su afán de recuperar influencia en Latinoamérica, declaró hoy la abogada venezolano-norteamericana Eva Golinger.
Al describir las estrategias de la Casa Blanca en el hemisferio y en particular en Venezuela, Golinger consideró que el país norteño analiza un conjunto de peligros para sus propósitos injerencistas en el área.
Como describe el politólogo y lingüista Noam Chomsky, Venezuela, con un modelo desafiante y exitoso, constituye una amenaza del bueno ejemplo para la política de la Casa Blanca, subrayó.
Venezuela construye una sociedad socialista, donde la prioridad es el pueblo y el aspecto social, la garantía de las necesidades del pueblo, y una transferencia a este último del poder, destacó.
Ello está relacionado con la prioridad de Caracas en su exportación petrolera: primero la actividad nacional, luego el Caribe, los países amigos latinoamericanos y sólo después Estados Unidos, señaló Golinger en conferencia en la Universidad de Amistad con los Pueblos.
Por otro lado, la supuesta amenaza que alega Washington está dada por la actual política exterior venezolanaque, a diferencia de la de anteriores gobiernos, se basa en la cooperación y la solidaridad, sobre todo, dentro de la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América, apuntó.
Además, esa política desborda los marcos de la región e influye en otras zonas del planeta, donde busca colaboración con naciones como Rusia ó Irán, comentó la abogada y politóloga.
Ante esa realidad, Washington desarrolla una fuerte campaña para silenciar los programas sociales en Venezuela y promueve una imagen negativa del presidente Hugo Chávez, denunció.
Existen programas de la comunidad de inteligencia estadounidense para captar a la juventud con el fin de desestabilizar a los países, como ocurrió en su momento con las llamadas revoluciones de colores en las repúblicas ex soviéticas, advirtió.
Asistencia de Chávez a Copenhague "dependerá" de reunión de la ALBA en Cuba
- ADN.es
El presidente venezolano, Hugo Chávez, afirmó hoy que su asistencia a la Cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático que se celebra en Copenhague "dependerá de la reunión" de la ALBA que se realizará a partir de este fin de semana en La Habana.
"Estamos considerando si vamos (...) es posible que vayamos, dependerá mucho de la reunión de la ALBA en Cuba y la decisión que tomemos todos allí", dijo Chávez durante un discurso en conmemoración de una batalla de la guerra civil venezolana en Barinas (sudoeste).
"Los países que más contaminan no asumen su responsabilidad, el primero de ellos EE.UU., y pretenden seguir destrozando el planeta. Ése es el modelo capitalista", denunció el mandatario venezolano durante una retransmisión obligatoria de radio y televisión.
La Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), impulsada por Venezuela y Cuba, tendrá lugar en La Habana este fin de semana y celebrará el quinto aniversario de su creación.
La ALBA está integrada, además, por Antigua y Barbuda, Bolivia, Dominica, Ecuador, Honduras, Nicaragua y San Vicente y las Granadinas.

"LA VERGUENZA LO PUSO BLANCO"Obama admite que otros candidatos reunían más méritos para recibir Nobel de la Paz

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, admitió este jueves que otros candidatos pueden estar más cualificados que él para recibir el premio Nobel de la Paz, galardón que recogerá en una ceremonia que se celebrará en Oslo, la capital noruega.
Estas declaraciones las emitió el jefe de Estado estadounidense en una breve rueda de prensa junto al primer ministro noruego, Jens Stoltenberg.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, llegó este jueves a Oslo, la capital noruega, para participar en la ceremonia en la que recibirá el premio Nobel de la Paz, galardón para el que fue electo el pasado mes de octubre, pese a su Gobierno ha mantenido tropas de guerra en países como Afganistán e Irak y pretende instalar bases militares en Colombia.
El jefe de Estado estadounidense, junto a su esposa Michelle Obama, fue recibido por una delegación encabezada por el ministro de Asuntos Exteriores noruego, Jonas Gahr Store, y el embajador de Estados Unidos en Noruega, Barry White.
De acuerdo a reportes de la Casa Blanca, casa de gobierno de Estados Unidos, Obama prevé hacer énfasis en sus "esfuerzos" para merecer el premio más prestigioso en pro de la paz mundial, apenas a 10 días de haber ordenado el envío de 30 mil soldados más a la guerra de Afganistán.
Antes de la llegada del presidente habían tenido lugar manifestaciones en la capital noruega contra la concesión del Nobel al presidente estadounidense.
En octubre pasado, el comité Nobel alegó que los "esfuerzos" de Obama para cambiar el clima diplomático internacional eran motivo suficiente para otorgarle el premio.
Sin embargo, las promesas electorales realizadas por Obama cuando era candidato presidencial, relacionadas en su mayoría a la política exterior de Estados Unidos y por ende comprometidas con la paz mundial, no han sido cumplidas.
Aún cuando Obama sugirió un retiro programado de las tropas de invasión estadounidenses en Irak, presentes en ese país del Golfo Pérsico desde marzo de 2003, aún no se concreta el primer abandono de esas fuerzas de ocupación del país árabe en el que, cada vez más, se recrudecido la violencia.
Eso sin contar que el pasado 1 de diciembre anunció el envío de 30 mil soldados más a la invadida Afganistán, como parte de su nueva estrategia en la nación centroasiática.
De esa manera, con los nuevos efectivos, el número de soldados estadounidenses en Afganistán se ubicará en casi 100 mil.
Ésto pese a que en ocho años de invasión estadounidense han muerto más de 860 militares de Estados Unidos y otros 570 de las fuerzas extranjeras en Afganistán, según cifras oficiales.
Si bien el comité Nobel alegó gestiones de Obama en el campo diplomático para el otorgamiento del galardón, en América del Sur el presidente estadounidense ha ocasionado un tenso clima en las relaciones multilaterales, con la iniciativa de su Gobierno de firmar un acuerdo con Colombia para instalar siete bases militares en ese país.
Ese pacto militar ha sido rechazado por la mayoría de países de la región, que consideran la instalación de las bases como una acción desestabilizadora, principalmente por la posibilidad de que aviones de guerra, que despeguen de Colombia, sobrevuelen casi toda Latinoamérica sin necesidad de reabastecimiento.
Además, Obama ha dado continuidad al bloqueo comercial, económico y financiero que su país aplica sobre Cuba, al anunciar el pasado mes de septiembre que se extendería por un año más la política genocida contra el pueblo cubano.
Por medio del bloqueo, Cuba no puede exportar ningún producto a Estados Unidos ni importar de ese país mercancía alguna; tampoco puede recibir turismo de esa nación ni utilizar el dólar como divisa en sus transacciones con el exterior.
Además no tiene acceso a los créditos, ni puede realizar operaciones con instituciones financieras multilaterales, regionales o de Estados Unidos. A sus barcos y aeronaves se les impide tocar territorio estadounidense, además de que amenaza con sanciones a otras naciones que se presten a comerciar con Cuba.
Esta política, aplicada por diez administraciones estadounidenses, a las que ahora se suma la de Obama, representa un acto de genocidio según el artículo II de la Convención de Ginebra para la Prevención y la Sanción del delito de Genocidio, del 9 de diciembre de 1948 y constituye, por tanto, un delito de Derecho Internacional.
Estos aspectos parecen estar fuera de los esquemas que, respecto a la paz mundial, tiene concebido el comité Nobel, ese organismo que ha concedido el premio a un hombre que en su primer año de gestión gubernamental no ha desviado la política de su país del belicismo.
Argentina y Venezuela firman 14 convenios de cooperación
La presidenta argentina Cristina Fernández recibió el día 9 en Buenos Aires a su par venezolano, Hugo Chávez, con quien firmó 14 convenios de cooperación, y acordó realizar una nueva reunión bilateral en marzo próximo, en Caracas.
Chávez llegó a las 11:40 horas locales (14:40 GMT) a la Casa Rosada, sede del Poder Ejecutivo argentino, y se dirigió con Fernández al despacho presidencial para una audiencia privada que se extendió por una hora. Luego, se sumaron ministros de ambos países.
Entre los convenios suscritos destaca uno sobre transporte aerocomercial, por el que se prevé aumentar la frecuencia de vuelos entre Buenos Aires y Caracas a siete semanales, y tener un código compartido entre Aerolíneas Argentinas y el Consorcio Venezolano de Industrias Aeronáuticas y Servicios Aéreos, S.A. (Conviasa).
Asimismo, se acordó la compra por parte de Venezuela de consumibles y repuestos de equipos obstétricos y neonatales por 9,1 millones de dólares.
Los otros convenios, según informó la Presidencia argentina, son autorizar 10.000 licencias de importación en el 2010 para vehículos de transporte público, de carga y tipo sedán originarios de Argentina; para asistencia técnica a nivel industrial; convenios sobre transporte ferroviario y portuario, y para promover participación de pequeñas y medianas empresas en proyectos de integración.
Además, se firmó un memorando de entendimiento entre la empresa de transporte marítimo de Venezuela Fluvialba y los astilleros argentinos Tandanor.
El acuerdo servirá para impulsar proyectos de construcción y reparación de barcos para las operaciones de Fluvialba en la hidrovía Paraná-Paraguay y otras navegables de la cuenca del Río de la Plata.
Según Fernández, se harán "todos los esfuerzos necesarios para hacer una sinergia muy importante entre ambos países".
"Se ha dado un salto cualitativo en la relación entre ambos países, no solamente en términos económicos, sino de integración y cooperación", destacó la jefa de Estado argentina.
Por su parte, el mandatario venezolano afirmó que "a pesar de las dificultades de cada quien y de la crisis del modelo mundial, tenemos una oportunidad para coronar en este siglo la independencia de Argentina, de Venezuela y de la Patria Grande", en alusión a América Latina.
"Estoy convencido de que ninguno de nuestros países, por más pasión y fuerza que le impriman, si se quedan dentro de las fronteras tendrán independencia", enfatizó Chávez.
Luego de la ceremonia, los mandatarios recorrieron las instalaciones de los astilleros Tandanor, en la zona sur de la capital argentina.
Tras esa visita, Chávez emprendió su regreso a Venezuela, por lo que se canceló la comida que, en su honor, iba a ofrecer Fernández esta noche en el Palacio San Martín, sede de la Cancillería argentina. (Xinhua)
El hundimiento de Grecia enciende la alerta roja en España
Cotizalia.com
Grecia está en el punto de mira. No es ninguna novedad. De hecho, lleva meses en el candelabro, que diría una de las más insignes representantes del mundo audiovisual español. Sin embargo, los recientes acontecimientos de Dubai han vuelto a traer su delicada posición económica y financiera a primera plana de la actualidad. La incertidumbre que rodea a la viabilidad del país heleno supone un salto cualitativo trascendental. Se trata de un miembro de la Unión Europea, compañero de moneda única y vecino de cuitas comunitarias de España, con la que comparte algunos desequilibrios importantes como la falta de competitividad, el excesivo déficit público o la elevada dependencia de la financiación exterior como concluye esta demoledora Lex Column del pasado miércoles. Debemos seguir por tanto muy de cerca los acontecimientos que en su territorio se desarrollen. No sólo porque amenazan en convertirse en la primera gran prueba de fuego para una Europa que pasa de constituciones pero entiende de recesiones, sino también porque gran parte de las recetas, internas o impuestas externamente, que se apliquen en su solución pueden encontrar pronto reflejo en nuestra política económica.
Pues bien, ayer se publicaron dos artículos sobre el particular que me parecen especialmente relevantes, si bien tuvo más difusión entre los círculos bien informados el primero que el segundo. Wolfang Münchau, en su columna de los lunes en el FT, comparte nuestra tesis de la inhibición del primo de Zumosol, a la que hacíamos referencia ayer en este mismo Valor Añadido, y titula Grecia no debe esperar regalos de Europa. Se da la paradoja, señala, de que la UE no puede renunciar al Pacto de Estabilidad, ya que abriría la Caja de Pandora de los incumplimientos masivos de socios comunitarios, mientras que Grecia no estaría en disposición de cumplir con unas sanciones que no harían sino agravar aún más su difícil coyuntura actual. Sin embargo, si no muestra disciplina financiera, se encontraría con cerca de 50.000 millones de euros de emisiones previstas y/o vencimientos a renovar en 2010 en el aire. La mejor solución para todos sería la intervención del FMI que, por una parte, reemplazaría a la Unión como fiscalizador de las cuentas griegas y, por otro, permitiría a su clase política implantar medidas draconianas con la excusa de un rescate exterior. Y, menos los ciudadanos, todos tan contentos. El hecho de poder apelar a la herencia de los conservadores facilitaría a su ejecutivo tan delicada decisión.
Junto con este análisis de lo potencial llevado a cabo por Münchau, el nuevo ministro de finanzas heleno George Papaconstantinou publicaba ayer una pieza en el WSJ en el que pretendía analizar el Problema Griego y sus potenciales soluciones. Se trata, a mi juicio, de un documento que debería estar sobre la mesa en el Consejo de Ministros de Zapatero del próximo viernes. Porque, más allá del coeficiente corrector que hay que aplicar a cualquier declaración política alrededor del planeta, da algunas claves que deberían ser objeto de inmediata réplica presupuestaria en nuestro país. Sobre la base de promover el crecimiento, la inversión y el empleo habla abiertamente un plan plurianual que vincule las finanzas públicas a proyectos concretos, reduzca la estructura de la administración, minore el gasto recurrente, afronte la viabilidad del sistema de pensiones, dote de transparencia a las estadísticas oficiales (histórica reclamación, ayer una vez más, de Roberto Centeno), luche contra el fraude fiscal, simplifique el sistema tributario, liberalice mercados y busque nuevas áreas de crecimiento, entre otros, aún a sabiendas de que “el tiempo es un recurso escaso en los convulsos tiempos actuales”. Al contrario de lo que ocurre en España, no sobra palabrería y sí abunda el reconocimiento de unas circunstancias límite que requieren acción inmediata, si bien tampoco menciona la imprescindible reforma laboral. ¿La alternativa? La bancarrota, en palabras del propio primer ministro, según recoge Evans-Pritchard en el Telegraph.
Obviamente, desde el momento en que hay dos visiones de la realidad existe mercado. Münchau considera blandito el prepuesto presentado para su aprobación al Parlamento griego y cree que, por tanto, no va a impedir que se cumplan sus oscuros vaticinios. Veremos. En cualquier caso queda claro que, cuando uno gobierna de forma táctica desde la obsesión por las encuestas y la voluntad de pasar a la Historia como el primer presidente de la democracia sin una huelga general mientras el país languidece, como ocurre con Zapatero, se puede encontrar más antes que con una oposición social muy superior a la que se quería evitar –las calles de Atenas ya son un polvorín- y un caliente escaño en la oposición con la medalla en la pechera de gestor desastroso. Más le valdría, por tanto, al Ejecutivo tomar nota, dejarse de brindis al sol de proyectos olvidados que, sólo cuando resulta oportuno y tras dos años en el cajón, salen de la chistera y centrarse en lo que España necesita. Porque hay una cosa bien clara: existe el Problema Español, primero, y tampoco nosotros vamos a recibir ayuda alguna de unos socios europeos que ya saben a dónde van a parar sus recursos cuando es nuestro país el destinatario, después. Cuanto más tarden nuestros políticos en asumir la verdadera realidad española, peor. Desde aquí un toque de atención. Uno más, tristemente.
Para imprimir, y estudiar
inSurGente.org -
Bajo el capitalismo, objetivamente hablando, la alimentación y la salud no dependen ya de una intervención divina. El capitalismo produce pobreza y muerte, pero no es ese su objetivo. El capitalismo produce riqueza, placeres y remedios, pero no es ese tampoco su objetivo. Como no puede hacer diferencias y ha desarrollado de una manera sin precedentes las fuerzas productivas –incluidas las tecnologías médicas y agrícolas- ha puesto a disposición del ser humano potencialidades que al mismo tiempo no le permite usar(…)”.
Texto del catálogo de la exposición Deseos, promesas, realidades. Ocho objetivos para el desarrollo. MUVIM, Valencia, 15 de octubre 2009 a 7 febrero 2010.
En la Biblia el profeta Isaías (11, 6-8 y 25, 8) anunciaba un tiempo en “que habitará el lobo juntamente con el cordero; y el tigre estará echado junto al cabrito” y en el que “el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y borrará de toda la tierra el oprobio de su pueblo”. En los primeros siglos del cristianismo, Papías, Ireneo y Lactancio anticipaban una edad “en la que las viñas crecerán y cada una de ellas tendrá mil cepas, y en cada cepa habrá diez mil ramas y cada rama contará con diez mil botones y en cada botón habrá diez mil racimos y cada racimo tendrá diez mil uvas y cada uva dará veinticinco medidas de vino; y lo mismo sucederá con las frutas y todas las otras semillas”. Justino, por su parte, añadía que en esa Jerusalén futura "no se escucharán más gemidos ni lamentos; no habrá niños nacidos antes de término, ni ancianos que no cumplan su ciclo [...]. Se construirán casas y cada uno de nosotros vivirá en ellas; se plantarán viñedos y nosotros mismos comeremos su producto". Estas utopías religiosas de abundancia material reciben en la tradición cristiana el nombre de “milenarismo” porque confiaban en el establecimiento sobre la tierra, tras el segundo advenimiento de Cristo, de un Milenio de paz y bienestar para todos los seres humanos. De Montano a Müntzer, de Joaquín de Fiore a Jan de Leyden, de los taboristas a los anabaptistas, la historia de Europa estuvo enhebrada, o pespunteada, por un tozudo hilo milenarista, díscolo y soñador al mismo tiempo, que pretendía quebrar la lógica de los tiempos, que es siempre la de los poderosos, para imponer la de la justicia, reclamada por los pobres, los humillados, los sometidos.
En la Alemania del siglo XVI, los campesinos concibieron la reforma luterana a favor no sólo de la libre interpretación de la Biblia sino de la libre disposición de los bienes de este mundo. El hambre de pan, de tierras y de felicidad levantó contra los príncipes alemanes a campesinos y obreros urbanos en cuyos oídos -cuenta Ernest Bloch- “resonaba el fragor de la revolución mundial”, el rumor fantástico de un alzamiento global desde España hasta Turquía. Encabezados por Thomas Müntzer, confiados en la intervención de Cristo, los campesinos rebeldes, y sus predicadores comunistas, fueron vencidos en 1525 y después perseguidos, cazados, torturados y asesinados en toda Europa, culpables -como
denunciaba Lutero- de “querer invertir el orden de las cosas y poner en la tierra lo que debe seguir en el cielo”.
El milenarismo de los campesinos alemanes creía en el advenimiento de un nuevo orden social igualitario en el que la guerra sería definitivamente abolida como medio de dirimir las diferencias entre los pueblos, en el que las enfermedades y epidemias serían vencidas y olvidadas para siempre, en el que todos los seres humanos vivirían de su trabajo y en el que la justicia -para hombres y mujeres- imperaría sin diferencias en toda la tierra. ¿Nos resulta familiar? Estas son justamente las famosas Metas del Milenio establecidas en el año 2000 por las Naciones Unidas en un mundo que, como el del siglo XVI, sigue azotado por el hambre, la enfermedad, la desigualdad y la guerra.
El milenarismo europeo había adelantado fechas muy precisas, siempre aplazadas y desmentidas, para este cambio general. Hans Hut había previsto el inicio del Milenio para el período de Pentecostés del año 1528; Melchor Hoffman lo esperaba para 1533 y Miguel Servet, que había sumado el número apocalíptico de 1260 al año de 325, fecha del Concilio de Nicea, lo había anunciado para 1585. Las Naciones Unidas, por su parte, han fijado el año de 2015 para el cumplimiento de los objetivos del Milenio. Hans Hut, Melchor Hoffmann y Miguel Servet murieron martirizados sin ver realizadas sus predicciones, como miles, cientos de miles de personas morirán en el 2016 -según todos los indicios- sin ver materializado el compromiso de la ONU.
El milenarismo europeo, que mezclaba profundos y ancestrales sueños de abundancia e igualdad con residuos diurnos religiosos, excogitaba una salvación al mismo tiempo global, inminente, terrenal y colectiva. Condición y efecto del Milenio del Bienestar eran la coordinación de los esfuerzos y el consenso fraternal entre los hombres. Fue sin embargo el consenso de los poderosos -príncipes, papas y emperadores, con independencia de sus diferencias teológicas- el único que llegó a aquilatarse y el que aniquiló en Turingia las fuerzas desorganizadas de los certeros soñadores. Condición y efecto del Milenio de la ONU es también la coordinación y colaboración, tal y como se recoge en el Objetivo 8, el cual invoca en realidad -o suplica- un “consenso de los poderosos”. Se anuncian los objetivos y luego se establece, como objetivo también, la imposibilidad de alcanzarlos: la ayuda de la industria farmacéutica, el apoyo de los mercados financieros, la cooperación de las grandes multinacionales de la telecomunicación.
Puede parecer provocativa la asimilación de las metas del Milenio de la ONU al espíritu del milenarismo cristiano medieval y renacentista; pero lo cierto es que las diferencias no hacen sino agravar los reproches. Global, inminente, terrenal y colectiva, la salvación milenarista de los campesinos europeos sólo podía ser “sobrenatural”. Su infelicidad misma, y la desproporción entre sus ansias de dicha y sus medios de combate, les obligaba a dar un salto religioso -mientras revelaban los límites modificables de su situación social- por encima de las fuerzas productivas de su época: podían liberarse de sus amos, pero sólo Cristo podía garantizarles una vacuna contra el sarampión y una fuente inagotable de leche y de miel. Bajo el capitalismo, objetivamente hablando, la alimentación y la salud no dependen ya de una intervención divina. El capitalismo produce pobreza y muerte, pero no es ese su objetivo. El capitalismo produce riqueza, placeres y remedios, pero no es ese tampoco su objetivo. Como no puede hacer diferencias y ha desarrollado de una manera sin precedentes las fuerzas productivas –incluidas las tecnologías médicas y agrícolas- ha puesto a disposición del ser humano potencialidades que al mismo tiempo no le permite usar.
Las muertes por malaria, por sarampión, por dengue, por cólera, por disentería, por hambre, ¿son muertes naturales? ¿No son particularmente acusatorias en un mundo que puede curar esas enfermedades? ¿Que podría alimentar modestamente a todo el mundo? La violencia del capitalismo tiene que ver también con sus instrumentos de emancipación; es decir, con su necesidad intrínseca de –al mismo tiempo- multiplicar la riqueza y reprimir su uso, de aumentar los medios de salvación y prohibir su utilización, lo que se traduce en la naturalización de la muerte y la destrucción: “Los pobres”, nos decían los periódicos hace unos meses, “viven 30 años menos que los ricos”. ¿A quién, a qué fuerza silenciosa imputar esa diferencia? El Objetivo 8 de las Metas del Milenio, en su formulación misma, ¿no renuncia a enfrentarse a esa potencia que, al mismo tiempo que cumple los sueños de Isaias y de Justino, limita su disfrute, y de manera insostenible, a una zona reducidísima del planeta? ¿No hay menos ingenuidad sobrenatural en pedir la intervención de Cristo que en pedir la intervención de Roche, de Monsanto, de Sony, de la OMC, del FMI?
La ONU, ese gran progreso de la razón humana, puede formular pero no solucionar los problemas. No porque no logre un verdadero consenso sino porque no es capaz de impedir el “consenso de los poderosos”. La crisis actual, que se invoca como justificación del fracaso ya asumido de las Metas del Milenio, ha generado una intervención coordinada sin precedentes destinada a “refundar el capitalismo”. El 14 de septiembre del año 2008, el mismo día en que la FAO informaba de que el hambre afectaba ya a casi 1.000 millones de seres humanos y valoraba en 30.000 millones de dólares la ayuda necesaria para salvar sus vidas, la acción concertada de seis bancos centrales (EEUU, UE, Japón, Canadá, Inglaterra y Suiza), inyectó 180.000 millones de dólares en los mercados financieros para salvar a los bancos privados. A continuación, el consenso de los poderosos, cristalizado en una cumbre del G-20 y otra del G-8, ha proporcionado aún más dinero para sostener las instituciones y empresas capitalistas y ha adoptado medidas convergentes para avanzar alegremente hacia el abismo sin cuestionar el modelo. ¿Es esto cumplir el Objetivo 8 de las Metas del Milenio? Quizás sí, pero en todo caso no esa esa la preocupación de los poderosos, como lo demuestra el escaso interés que despertó, tanto por parte de los gobiernos como de los medios de comunicación, la “Conferencia de las Naciones Unidas sobre la crisis financiera y económica mundial”, denominada G-192 y celebrada casi a escondidas el pasado mes de junio en Nueva York, muy poco después de que los miembros del G-8 se reunieran, bajo la luz de los reflectores, en Italia.
Sea como fuere, hay algo hermoso, emocionante y precursor incluso en el “consenso de los poderosos”: eso es lo que se llama “planificación”. En tiempos de Marx, el capitalismo era sólo “una excepción en algunas regiones del planeta” y, si ha llegado a cubrir el conjunto de la superficie del globo, ha sido gracias a una permanente intervención estatal, a una “planificación” ininterrumpida que combinaba y combina los desalojos de tierras, las acciones armadas, las medidas proteccionistas, los golpes de Estado y los acuerdos internacionales. Nunca a lo largo de la historia un experimento económico ha dispuesto de medios más poderosos ni de condiciones más favorables para demostrar su superioridad. En los últimos sesenta años, la minoría organizada que gestiona el capitalismo global se ha visto apoyada, a una escala sin precedentes, por toda una serie de instituciones internacionales (el FMI, el Banco Mundial, la OMC, el G-8, el G-20 etc.) que han concebido en libertad, y aplicado contra todos los obstáculos, políticas de liberalización y privatización de la economía mundial. Después de 200 años de existencia libre, apoyado, defendido, apuntalado por todos los poderes y todas las instituciones de la tierra, el trasto viejo y homicida nos ha traído hasta aquí: 1.000 millones de seres humanos se están muriendo de hambre y, si no corremos ahora a socorrer a los culpables, los demás quizás acabemos enterrados con los más pobres después de habernos matado unos a otros.
Parece, pues, que planificar para salvar bancos y aseguradoras no sirve, al menos para cumplir los Objetivos del Milenio. ¿Y planificar para salvar vidas? Esto no lo hemos probado aún. Capitalismo y socialismo no se retaron en mundos paralelos y en igualdad de condiciones, cada uno en su laboratorio desinfectado y puro, sino que el socialismo nació contra el capitalismo histórico, para defenderse de él, y nunca ha fracasado porque nunca ha tenido ni medios ni apoyos para poner a prueba su modelo. Lo poco que intuimos en la actualidad es más bien esperanzador: a partir de una historia semejante de colonialismo y subdesarrollo, el socialismo ha hecho mucho más por Cuba que el capitalismo por Haití o el Congo. Cuando se habla de “socialismo en un solo país” se olvida que igualmente imposible es “el capitalismo en un solo país” y que por eso se ha dotado de una musculosa organización internacional capaz de penetrar todos los rincones y todas las relaciones. ¿Qué pasaría si la ONU decidiese aplicar su carta de DDHH y de Derechos Sociales? ¿Si la FAO la dirigiese un socialista cubano? ¿Si el modelo de intercambio comercial fuera el ALBA y no la OMC? ¿Si el Banco del Sur fuese tan potente como el F.M.I? ¿Si todas las instituciones internacionales impusiesen a los díscolos capitalistas programas de ajuste estructural orientados a aumentar el gasto público, nacionalizar los recursos básicos y proteger los derechos sociales y laborales? ¿Si seis bancos centrales de Estados poderosos interviniesen masivamente para garantizar las ventajas del socialismo, amenazadas por un huracán? ¿No sería ése realmente el Objetivo 8? Podemos decir que la minoría organizada que gestiona el capitalismo no lo permitirá, pero no podemos decir que no funcionaría.
El cumplimiento de los 7 primeros objetivos del Milenio de la ONU depende de que se cumpla primero el octavo y eso -mucho me temo- no depende sólo de formularlo bien. No estaría mal, en todo caso, empezar por hacer eso. El milenarismo cristiano es hoy por fin materialmente realista. Hagámoslo por fin materialmente realidad.
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E-biblio
> Colombia: combinación de todas las formas de lucha
> Evo Morales. Despertar Indígena
> La revolución social: Lenin y América Latina.
> Trabajo asalariado y capital de Carl Marx.
> Informe 2008 sobre la corrupción en España de Transparency International España.
> Síntesis del libro "Democracia y planificación económica. La economía política de una sociedad autogobernada".Pat Devine.
< > Crisis económica y resistencia obrera: la crisis mundial y sus efectos en España Endika Alabort, Luis Buendía, Gaspar Fuster, Mario Obispo, Lluís Rodríguez.
> Los crímenes de las grandes compañías farmacéuticas. Teresa Forcades i Vila.
> La sociedad de control (PDF)
