Rusia teme la pérdida de su mayor aliado en Latinoamérica


La principal intriga en asuntos de política exterior de los últimos días se ha disipado, y la ceremonia de investidura del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, será aplazada de forma indefinida.
La oposición exigía la convocatoria de unas elecciones presidenciales, pero el Tribunal Supremo ha estimado que el aplazamiento de la fecha de la investidura es legal y respeta la constitución.


A pesar de la decisión final del tribunal anunciada el miércoles, la situación en el país sigue siendo tensa. En el contexto de una posible crisis política en Venezuela, Moscú sigue de cerca el estado de salud de Hugo Chávez.

En su felicitación de Navidad y Año Nuevo a Chávez, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, expresó su convicción de que “su tenacidad y energía vital le ayudarían a superar estas pruebas y a recuperar su trabajo en el gobierno, gracias al cual la República Bolivariana de Venezuela seguirá desarrollándose con éxito", informaba un comunicado de prensa del Kremlin.

La preocupación de Rusia por el estado de salud de Chávez es completamente lógica y comprensible. Las relaciones personales entre los presidentes de Venezuela y Rusia siempre han sido cálidas y amistosas.

Algunos politólogos opinan que Putin ha encontrado en Chávez un espíritu afín. El presidente de Venezuela siempre ha subrayado la importancia de desarrollar relaciones con Rusia para garantizar la preservación de un mundo multipolar, sin el cual es imposible construir un sistema internacional equilibrado.

Además, Venezuela y Rusia están unidas por una gran cantidad de contratos petroleros y militares. En octubre de 2011 se firmó un acuerdo bilateral por valor de 8.000 millones de dólares (de los cuales 4.000 millones de dólares equivalían al importe de un crédito ofrecido a Venezuela en el marco de la cooperación técnico-militar).

El Consorcio Petrolero Nacional ruso y la compañía venezolana PDVSA van a crear una empresa conjunta  para la extracción de petróleo en la faja petrolífera del río Orinoco, en el campo Carabobo-2, cuyas reservas están estimadas en 40.000 barriles diarios.

Ya ha comenzado la primera extracción de petróleo en otra superficie, Junín-6,  también con participación rusa.

La crisis política que asoma en Venezuela podría interferir en la futura realización de estos proyectos conjuntos. Los expertos financieros rusos contemplan la posibilidad de que esto suceda, aunque no creen que por ahora sea demasiado significativa.

Según Grigori Birg, analista de la agencia independiente Investcafe, Venezuela posee unas reservas colosales de crudo pesado, una variedad que necesita inevitablemente  financiación y participación de compañías internacionales para su producción. Los  planes para ampliar el volumen de extracción petrolera en la República Bolivariana necesitan inversores rusos, pero si el curso político del país cambia pueden pasar muchas cosas.

La amenaza afecta también a los contratos militares firmados con Venezuela durante los últimos siete años.  La cartera de pedidos de Venezuela a principios de 2012 se estimaba en 6.000-7.000 millones de dólares (sin contar el crédito expedido a Caracas por valor de 4.000 millones de dólares para el desarrollo de la cooperación técnico-militar).

Los numerosos acuerdos en el ámbito de la industria petrolera y la apertura de una línea de crédito a Venezuela para la compra de armamento son la principal base de las  relaciones económicas y comerciales entre los dos países.

Venezuela sigue siendo para Rusia el principal socio económico y comercial y su aliado político en la región. Precisamente este país sudamericano abrió a Rusia las puertas del mercado latinoamericano en un ámbito tan delicado como lo es el de la cooperación técnico-militar. Gracias a Venezuela, Rusia ha tenido la oportunidad de participar en proyectos de inversión a gran escala en el continente, apoyada abiertamente por el jefe del Estado.
 

“Se observan sobre todo dos tendencias en el desarrollo de los acontecimientos para la Revolución Bolivariana. En primer lugar, una importante activación de la oposición que, a pesar de sus fracasos en las elecciones presidenciales y regionales, cuenta con una gran popularidad entre la sociedad venezolana.


En segundo lugar, es posible que tenga lugar una crisis interna en el partido del poder. Si las consecuencias de esto son demasiado graves, podría desatarse en el país una crisis política”, declaraba Piatakov.

Según este experto, si la oposición convoca unas elecciones presidenciales adelantadas, el chavismo ortodoxo tiene pocas posibilidades de mantenerse en el poder.

Aunque esto no comportaría importantes cambios en las relaciones ruso-venezolanas. “La oposición también está interesada en mantener contratos ventajosos en el ámbito de la industria petrolera, aunque también es posible la despolitización de las relaciones bilaterales”, considera Piatakov.

En cualquier caso, esto llevaría a una caída de la intensidad del componente económico, de modo que sería poco probable que compañías rusas desarrollaran la cooperación con Venezuela y que hubiese nuevos contratos en caso de que la oposición llegase al poder.

Ahora Venezuela entra en un largo periodo de profundos cambios, y Rusia deberá tener en cuenta que su principal aliado en Latinoamérica nunca volverá a ser el que era.

Via: Rusia Hoy

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