César Zelada: Una rara “dictadura” en Venezuela



Nací respirando al olor de pólvora de los explosivos y balas. Mi madre tenía miedo salir a la calle porque los militares detenían y maltrataban a cualquier mujer “sospechosa” de disidente. Ese año a mi joven padre lo metieron preso por protestar en defensa de sus derechos civiles contra la dictadura de Francisco Morales Bermúdez. Fue el año del histórico paro del 19 de Julio de 1977 convocado por la Confederación General de Trabajadores del Perú –CGTP- (aproximadamente 5 mil obreros despedidos de las fábricas y decenas de heridos).

Por estas razones me llama la atención la “dictadura” venezolana donde la mayoría de los mass media sigue en manos de la clase dominante (Leer: Sepa de quién son los medios de comunicación en Venezuela, Ernesto Navarro, RT, 27/05/17; ) y la oposición no solo tiene correlación de fuerzas mediáticas a nivel internacional sino que ejerce su derecho a la libertad de expresión como en cualquier país de democracia moderna. Es verdad, el opositor Leopoldo López, que en protestas pasadas, agito por La Salida (es decir el derrocamiento de Maduro), está preso (por sedición y la muerte de varios civiles), y me parece un error político de parte del gobierno bolivariano porque lo victimiza. Pero esta cuestión es la excepción a la regla. Por lo general, los golpistas del 2002-2004 están libres y otros refugiados en EE.UU.

También es verdad, la disolución de la Asamblea Nacional puede verse como una medida autoritaria, pero también como una maniobra mal pensada de Maduro. Lo real es que éste dio marcha atrás y restableció el Parlamento, aunque la oposición ya no quiere saber nada del dialogo. ¿Qué tal dictador éste que reactiva la Asamblea y llama al dialogo?, ¿Se imaginan a los aliados saudís, turcos o israelíes de EE.UU. llamando a la oposición a conversar?

Así las cosas, Maduro parece haber pisado el palito y la oposición parece alegre y decidida a derrocarlo ahora. Por lo pronto, la derecha, que en el 2002 dio golpe de Estado a Chávez, ahora ha logrado aislar al régimen bolivariano en la OEA (con el peligro que declaren a Venezuela en defolt), y los más media tan haciendo una caricatura dictatorial de Maduro.

Las protestas no han cesado y hay 26 ciudadanos muertos y decenas de detenidos y heridos. Maduro trata de sostenerse en el gobierno, pero a pesar de todavía mantener apoyo internacional (Rusia, China, Irán, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, la red de Intelectuales, etc.), varios de los aliados de izquierda chavista venezolana han pasado a la oposición mientras que otros fueron excluidos con la nueva ley de partidos (y las milicias de reserva parecen más una pose para la foto).

“…Los individuos pueden influir en los destinos de la sociedad. A veces, su influencia llega a ser muy considerable, pero tanto la posibilidad misma de esta influencia como sus proporciones son determinadas por la organización de la sociedad, por la correlación de las fuerzas que en ella actúan…”, sentenció el filósofo ruso Plejanov.

Y en efecto, algunos dirán que Maduro es muy mediocre en comparación a Chávez. Es cierto que el liderazgo de Chávez era muy superior al de Maduro en cuanto a mística, carisma, oratoria y estructura militar. Pero al final, Maduro está cosechando las ambivalencias de la revolución bolivariana.

Si bien es verdad Chávez fue enérgico en la lucha antiimperialista nacionalizando algunas empresas estratégicas, realizando la reforma agraria, de salud, educativa (obteniendo reconocimiento internacional de la UNESCO que la declaró Territorio Libre de Analfabetismo, y como el quinto país en el mundo y el segundo en América Latina con la mayor matrícula universitaria), derrotando al ALCA, reorganizando la OPEP, canalizando el sentir de las masas latinoamericanas al crear el ALBA de los pueblos; también es cierto que Chávez no rompió los huevos para hacer la tortilla ( es decir que no fue hasta el final en la lucha contra el capitalismo), y por eso no pudo cambiar la matriz productiva de la revolución bolivariana que se basó en el “socialismo petrolero”, siguió pagando la deuda externa, y no pudo fortalecer el control obrero de las fábricas que fueron ocupadas por los trabajadores después del paro patronal del 2004.

Esta cuestión es la que permitió, por un lado, que los grandes medios de producción sigan en manos de la misma clase dominante que gobernó Venezuela hasta 1999, y por otro, que se desarrollara una boliburguesia desde el seno del nuevo Estado de la V República, que tiene varios vínculos comerciales como clase con los viejos poderes facticos.

Por otro lado, la diferencia entre Chávez y Maduro es que mientras el primero basaba su legitimidad a través de victorias arrasadoras en las elecciones (que se realizaban casi cada año), Maduro asumió ganándolas por una diferencia ínfima (50,66% contra el 49,07% de Capriles), y perdió las elecciones para la Asamblea de una forma escandalosa (99 diputados para la oposición mientras que el oficialismo logro 46).

“…Hasta ahora, pese a esta situación, entre el “pueblo chavista” y la oposición de la MUD existía una fuerte barrera de clase. Los chavistas, más allá de sus críticas, no votaban por los “enemigos”, pero todo tiene un límite. Y eso se quebró por varias razones: la crisis llegó a niveles excepcionales (a la economía se suma la inseguridad que altera cualquier vida normal en Caracas, además de la corrupción impune y generalizada) y la oposición ha ido sabiendo debilitar sus aristas más clasistas y derechistas (en línea con la “nueva derecha” regional, como el macrismo argentino)…”, escribió el analista Pablo Stefanoni (Venezuela: “el Ocaso de los ídolos”, 10/12/15).

Esta cuestión aunada al bloqueo económico por parte de EE.UU., la especulación económica (como hicieron sus hermanos en Perú con el precio del limón durante los huaicos), y los propios errores del gobierno bolivariano, han conllevado la economía a una situación caótica parecida a la que padeció la revolución sandinista en los 70s.

“…El autogolpe se da en el marco de una agudización insoportable de la desorganización económica. El desabastecimiento, la carestía incontrolable que llega al 500% anual, la desvalorización de los salarios como consecuencia de ello, están haciendo estragos en gran parte de la población venezolana. A pesar de la escasez de alimentos y productos de primera necesidad -que son en su abrumadora mayoría de origen importado-, el gobierno de Maduro viene reservando las divisas para el pago de la deuda externa…”, escribió Jorge Altamira (Del Autogolpe al golpe, prensa obrera, 07/04/17).

Y habría que considerar que la deuda externa venezolana bordea los $80 mil millones. Es así como hemos llegado ahora a un nuevo escenario crítico donde la marcha atrás de Maduro respecto a la disolución del parlamento puede indicar peligrosas grietas en el seno del entorno político militar de Maduro. Y en una medida desesperada, el ex chofer y sucesor de Chávez, ha tratado de hacer pasar como una anécdota todo esto, pero la verdad es que si la fiscal general, Luisa Ortega, denunció el golpe es porque tenía el respaldo de un sector de los militares.

Y como dice Altamira, “…Si Maduro hubiera persistido en la virtual disolución del Parlamento, esto hubiera acelerado un golpe militar. Ya hubo ultimátums militares en el pasado, como el que obligó al régimen bolivariano a reconocer el resultado de las últimas elecciones legislativas, donde la oposición conquistó una mayoría abrumadora en dicho cuerpo…”.

De esta forma, el intento de golpe de Maduro se ha convertido en un boomerang, generando una especie de gobierno suspendido en el aire, y con una crisis que solo los militares (tienen la mitad de los gobernadores y están fuertemente fusionados con el Estado bolivariano), podrán resolver, y probablemente, previo pacto con los poderes facticos.
rebelión.org

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