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El problema no es Nicolás

Se trata simplemente de cuáles son sus banderas, sus ideas, sus motivaciones y de una nueva clase política bolivariana que no responde a intereses económicos
Como todo proceso político que se caracteriza por un alto grado de confrontación y polarización como el que vive nuestro país, no puede llevarnos a caer en la tentación de un análisis ligero o superficial al pretender hacer una lectura de nuestra realidad nacional.

Frecuentemente son interpretaciones subjetivas desde donde se formulan recomendaciones y propuestas de acción, a través de las cuales "se resuelve" salomónicamente la situación del país con una u otra medida. Siendo su viabilidad casi siempre condicionada a la lejana idea de que los sectores en pugna se sentarán a dialogar y harán prevalecer los intereses de la patria.

Muy posiblemente en el caso venezolano, esto no puede estar más lejos de la realidad, pues no olvidemos de dónde venimos en conflictos recientes: de una oposición que juega a dos bandas, cuyo único proyecto es derrocar por cualquier vía y a cualquier costo al presidente Nicolás Maduro. Somos un pueblo que ha elevado sus niveles de conciencia política en los últimos 17 años.

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