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Syriza, el fantasma que recorre Europa

La reciente convocatoria de elecciones generales en Grecia a celebrar el 25 de enero ha disparado las alarmas del poder financiero, representado por el FMI y el resto de instituciones incluidas en la llamada Troika, y sus secuaces políticos, con el Gobierno de Alemania a la cabeza. La razón de estas reacciones es la previsible victoria de Syriza (coalición de la izquierda radical) y la intención de Syriza de paralizar el pago de la deuda, renegociarla y desmarcarse de las políticas de austeridad dictadas desde la Troika.

Como ya escribieran Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista, publicado en 1848, un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo, representado esta vez por Syriza. Contra él se han alzado las fuerzas de la “sagrada alianza” de los poderes económicos, políticos y mediáticos.


Syriza se forma a partir del esfuerzo por la confluencia de los comunistas del partido Sinapismos, que abre espacios de diálogo en la izquierda, en el que convergen con movimientos sociales participantes en el Foro Social Europeo de 2002 y otros grupos, como socialdemócratas escindidos del PASOK, y grupos troskistas. Este esfuerzo cuaja en 2004 con la presentación en las elecciones.

En pocos años, Syriza ha logrado sumar apoyos entre el pueblo griego, hasta ser la segunda fuerza más votada en las últimas elecciones generales celebradas, y la fuerza más votada en las anteriores elecciones europeas. En la actualidad encabeza las encuestas.

Las razones de este éxito no hay que buscarlas en su presencia en platós de televisión, ni en la promoción desde sectores “progres” de los medios de comunicación, ni en líderes carismáticos. Tampoco en ocultar su ideología con un discurso “anticasta” superador del eje derecha-izquierda. Syriza se sitúa claramente en la izquierda, ya desde su nombre (“Coalición de izquierda radical”) y su discurso anticapitalista, y lo más importante, su compromiso y participación en las movilizaciones y su programa político contra las políticas de austeridad dictadas por la Troika, y asumidas y perpetradas por el bipartidismo griego de los conservadores de Nueva Democracia y los socialdemócratas del PASOK.

Syriza ha sabido dar respuesta a las demandas del pueblo griego, un pueblo golpeado muy duramente por la crisis capitalista. Grecia ha sido gobernada desde el final de la 2ª Guerra Mundial por una oligarquía apoyada en la intervención extranjera del ejército inglés (que intervino para aplastar a la resistencia de los comunistas que habían derrotado a los ocupantes alemanes) y en la dictadura militar, mediante la llamada dictadura de los coroneles, y la monarquía del rey Constantino (hermano de la reina Sofía). Décadas de dominio de esta oligarquía han dejado un país empobrecido y atrasado, vulnerable a la acción depredadora de los llamados mercados. La crisis financiera que padece Grecia es la consecuencia del expolio de esta oligarquía, aliada con el capital financiero de la banca internacional (Goldman Sachs, responsable también en la crisis financiera de EE.UU., con Mario Draghi, actual presidente del BCE, implicado en la ocultación de la deuda griega), y del mismo modelo de construcción de la Unión Europea, puesta al servicio de las oligarquías europeas y en contra de la mayoría social trabajadora.

Los gobiernos griegos de conservadores y socialdemócratas han aplicado las políticas dictadas por la Troika, conocidas como “memorándum” a cambio de los “rescates”: privatizaciones, reducciones salariales, recortes del gasto público en pensiones y coberturas sociales, subidas de impuestos, etc.

Las consecuencias sociales y económicas están siendo dramáticas. La dimensión de la crisis que padece el pueblo griego necesita de cifras para ser comprendida. La tasa de paro ha pasado del 7,5% antes de la crisis a la actual del 28%. Los trabajadores griegos han perdido la mitad de su poder adquisitivo. Se ha duplicado la tasa de suicidios desde 2007. Se registran también aumentos dramáticos de alcoholismo, depresiones y violencia doméstica. La reducción de gasto en sanidad aboca a miles de enfermos a una muerte segura. La subida de impuestos, el paro, las reducciones salariales y de las pensiones han hecho aparecer hambrunas. La economía de Grecia se ha hundido, y las recetas dictadas por la Troika están logrando el efecto contrario al anunciado.

En realidad, lo que buscan estas medidas no es recuperar la economía de Grecia y el bienestar del pueblo griego. Lo que buscan es asegurar la ganancia de las oligarquías financieras europeas, en particular la alemana, principal acreedora de Grecia.

La realidad también es que la Unión Europea, más allá de los discursos oficiales, no se ha construido para el bienestar de la mayoría social trabajadora, sino para la acumulación de capital de las oligarquías nacionales de los países miembros. Así, el BCE está fuera de control de las instituciones democráticas, y no puede prestar dinero directamente a los gobiernos, sino a través de la banca privada, para su mayor enriquecimiento. La moneda única unida a los pactos de estabilidad y en ausencia de regulaciones que protejan a los trabajadores, como un salario mínimo europeo, o una armonización fiscal, o un presupuesto suficiente para corregir las desigualdades, hacen que la UE se convierta en una jungla en la que las oligarquías de los países más competitivos, sobre todo Alemania, se enriquezcan a costa de los países menos competitivos, como Grecia, España y otros, mientras que las oligarquías de estos últimos países esperan obtener las migajas de las privatizaciones a las que se ven abocados los países empobrecidos. El objetivo último es competir con EE.UU. y China, a costa de los derechos y el bienestar de los trabajadores europeos.

Frente a esta situación, Syriza plantea dejar de pagar la deuda ilegítima, la renegociación de la misma, y una política económica diametralmente opuesta a la del bipartidismo griego: nacionalizaciones de sectores estratégicos, incluida la banca, la anulación del memorándum y de las condiciones ligadas al mismo, como la abolición de los convenios colectivos, medidas fiscales, etc.

Las reacciones no se han hecho esperar. El FMI ha congelado la financiación a Grecia, Alemania amenaza con expulsar a Grecia de la eurozona. Los medios de comunicación y líderes políticos amenazan con las peores catástrofes.

Sin embargo, estas reacciones significan para la izquierda y la clase trabajadora que el miedo empieza a cambiar de bando, que su fantasma es una esperanza para los millones de trabajadores y ciudadanos golpeados por la crisis capitalista.

Apoyemos a Syriza en la calle, en las instituciones, porque su lucha es nuestra lucha. Como escribieran Marx y Engels en el Manifiesto antes citado: “Proletarios de todos los países: uníos”.

* Militante del PCE/EPK y de IUN-NEB.

via Tercera Información.

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