¿QUE HABRA HECHO LEOPOLDO CASTILLO ? EL IMPERIO LO ABANDONA ¿SERA EL PROXIMO URIBE?

Reuters implica a Leopoldo Castillo, animador de Globovisión en la masacre de El Salvador

 “Reuters y EFE son dos de las agencias occidentales más cercanas a la política imperialista de Estados Unidos. La segunda a veces se comporta peor, aunque es mucho menos importante que la primera.” 
Fidel Castro

Si Reuters cita como implicado a Leopoldo Castilo, conductor de un programa rabiosamente anti-revolucionario y anti-progesista en Venezuela, es que las piedras que trae el río vienen duro. Leamos un poco de la historia oscura de este “comunicador” :

A CONTINUACIÓN, LA NOTA DE PRENSA DE REUTERS:

31 de enero. Por Dan Williams – WASHINGTON (Reuters). El Senado de los Estados Unidos de América está revisando la nominación de de Roger Noriega para la Subsecretaría de Estado para América Latina, la misma posición que hasta diciembre pasado ostentaba Otto Reich. Actualmente, el seño Noriega ocupa el puesto de representante de los EUA ante la Organización de los Estados Americanos.

Noriega está siendo monitoreado ahora por su relación con Elliot Abrahams, John Negroponte, Otto Reich y Roger Pardo-Maurer, equipo relacionado con el tristemente célebre Oliver North y el asunto Irán-Contras.

Durante el enfrentamiento entre la guerrilla y el ejército salvadoreño, a principios de los años ochenta, John Negroponte, para entonces embajador de los EUA en Honduras y el super agente de la CIA Roger Noriega, se vieron relacionados con las investigaciones que sobre el asesinato de los misisoneros Maryknoll William Woods, Yado Ite Ford, Maura Clarke y Dorothy Kazel.

“Operación Centauro” era el nombre código para el plan de eliminación física de de personal religioso que estuviera bajo sospecha severa de colaborar con las guerrillas salvadoreñas. 

El proyecto implicaba a a agentes cubanos radicados en Miami y al embajador de Venezuela en El Salvador, Leopoldo Castillo, de quien se ha dicho que era la fuente de los servicios de inteligencia que identificó a las víctimas.

Una vez en el cargo de embajador a Leopoldo Castillo (1) lo compró la CIA y empezo a jugar para los estadounidenses. Mando al carajo a su viejo mentor  (3)  y actuo contra la línea del gobierno Venezolano, que apoyaba a Jose Napoleón Duarte y sus socialcristianos, para respaldar al mayor Roberto D”Abuisson y sus paramilitares de extrema derecha. En el mes de febrero de 1980 el arzobispo de El Salvador, Oscar Romero, envió una carta al presidente Carter en la que le rogaba no prestar ayuda militar a la junta que gobernaba el país. Argumentaba que la ayuda sería usada «para incrementar la injusticia y la represión hacia las organizaciones populares» que estaban luchando «por el respeto a los más elementales derechos humanos». Malas noticias para Washington, no hace falta decirlo.

Unas semanas más tarde, Monseñor Romero fue asesinado mientras estaba diciendo misa. Entre otras atrocidades, se le atribuye el asesinato al neo-nazi Roberto D’Aubuisson. Éste era el «líder vitalicio» del partido ARENA; miembros de este partido, como el ex- presidente Alfredo Cristiani tenían que hacer un juramento de sangre a este personalmente.

Leopoldo Castillo fué activo partícipe en reuniones con la SOA (2). Entre sus participaciones comprobadas, tenemos ésta: Unos días antes de ese fatídico 16 de noviembre, un ex capitán de Venezolana Internacional de Aviación (VIASA), que estaba al servicio del Ministerio del Interior del gobierno de Luis Herrera Campins, fue citado por el director de entonces de la policía secreta DISIP, Remberto Uzcátegui, para recomendarle una “peligrosa misión”, según sus palabras, pero se iba a ganar una buena suma de dinero. El piloto aceptó, siendo citado posteriormente para que estuviese listo. Dos días después de esta conversación, despegó de La Carlota un avión, conducido por este piloto, acompañado de cuatro personas que se identificaron como agentes de la DISIP y que introdujeron en la nave tres bultos. Al requerirles el capitán de qué se trataba, le comunicaron, luego de comprometerlo a guardar silencio, que uno de los sacos contenía seis millones de dólares y los otros dos, cinco fusiles y proyectiles explosivos.

El avión hizo un toque técnico en Costa Rica, donde agentes fueron sustituidos por personal de la Embajada de Venezuela en El Salvador. Luego, prosiguió su viaje aterrizando no en el aeropuerto internacional de ese país, sino en la pista de un cuartel próximo a la capital salvadoreña. Al rato se presentaron dos vehículos portando banderas de Venezuela, a donde fueron trasladados los bultos. Al salir los carros, fueron detenidos por un oficial que comandaba la guardia de prevención, y quien reclamaba requisar los vehículos, pero al recibir una orden del general jefe del cuartel, desistió de su intento. Al llegar a la sede de la Embajada, la cual por cierto estaba protegida por una valla de sacos de cemento, los bultos fueron recibidos por el embajador de entonces, Leopoldo Castillo, bautizado por el pueblo salvadoreño como el “Matacura”.

Pero quizás lo más intrigante de este caso sean las posibles incidencias de Castillo con la formación, inteligencia y ubicación de potenciales enemigos para la SOA. Investiguemos un poco sobre esta organización:

En los anales de la Historia Universal de la Infamia y del Terrorismo pocas instituciones se comparan a la Escuela de las Américas (School of the Americas, SOA por sus siglas en inglés), también conocida en los Estados Unidos y en el resto del Hemisferio como la Escuela de Asesinos (School of Assassins, SOA también por sus siglas en inglés).

(Testimonio del chileno Anatolio Zárate quien fue torturado en el campo de prisioneros de Tejas Verdes por soldados entrenados en los Estados Unidos):
‘Nos hacían esperar debajo de la sala de torturas, donde escuchábamos los gritos de los torturados, los gritos de las mujeres que pedían que no las violaran. En la sala de tortura me aplicaron electricidad, sufrí colgamientos, golpes de pies y manos y el submarino de excremento. En la sala de torturas me ponían corriente alternada en los pezones, en el ano, en los testículos. Uno se movía mucho o sentía que se movía mucho. Cuando a uno le ponen corriente uno siente que es una llamarada que le sale desde dentro de la cabeza’.
Establecida en 1946 en Panamá por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, la nefasta base militar abandonó el istmo centroamericano en 1984 al firmarse el nuevo Tratado del Canal de Panamá. Sin embargo continuaría funcionando en Fort Benning, cerca de Columbus, Virginia, bajo el remoquete de Instituto de Cooperación para la Seguridad Hemisférica.
Desde 1946 a 2008 más de 61.000 soldados y civiles se graduaron de la SOA. En la actualidad entre 700-2000 militares, la crema y nata castrense de la América latina, reciben entrenamiento cada año en Fort Benning. Supuestamente se les prepara en liderazgo profesional, manejo de armas de infantería, contra insurgencia, anti terrorismo, anti drogas, seguridad nacional y ocho horas de estudio sobre derechos humanos. A partir de 1982 hasta su suspensión en 1992 la SOA también implementó el uso de siete manuales de entrenamiento preparados por el Departamento de Defensa.
Según el congresista Joseph Kennedy, que ha presentado la propuesta HR 2652 para abolir el Instituto de Cooperación para la Seguridad Hemisférica, los manuales “instruían en tácticas provenientes directamente del gulag soviético que no pertenecían en una sociedad civilizada.” Su contenido recomendaba la intimidación por terror, la recompensa por enemigos muertos, prisión ilegal, tortura, ejecuciones y el secuestro de parientes del enemigo. “Psychological Operations of Guerrilla Warfare,” (Operaciones Sicológicas en la Guerra de Guerrillas), manual distribuido a la Contra creada por Washington para derrocar al legítimo gobierno sandinista de Nicaragua,  detalla gráficamente las instrucciones terroristas empleadas contra la población de Nicaragua durante la guerra de los ‘90 en donde más de 30 mil ciudadanos perdieron la vida.
Antes de ello, durante las décadas de la sangrienta dinastía Somoza, la SOA entrenó a los oficiales de la Guardia Nacional responsables de la muerte de cientos de miles de ciudadanos durante las dictaduras y de otros 50 mil en la guerra que culminó con el triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional en julio de 1979. Tres Somozas, padre e hijos, se mantuvieron en el poder como resultado del tácito apoyo de Washington y el entrenamiento militar de la Escuela de Asesinos. No serían ni los primeros ni los últimos dictadores, generales o terroristas entrenados por la SOA.
Luis Posada Carriles, criminal cubano americano cuyo terrorismo internacional incluye la fracasada invasión de Playa Girón (1961), atentados contra Nicaragua, Venezuela y El Salvador y la voladura del vuelo 455 de Cubana de Aviación (1976) en donde perecieron 73 personas, se graduó de la escuela de Fort Benning en donde fue entrenado en sabotaje y explosivos a solicitud de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés).
En El Salvador Roberto D’Aubuison, fallecido líder de los Escuadrones de la Muerte de esa nación centroamericana, también recibió entrenamiento militar en la Escuela de Asesinos. D’Aubuison resultaría implicado en el asesinato del Arzobispo Oscar Arnulfo Romero y en tales crímenes como la masacre de El Mozote donde 900 aldeanos incluyendo hombres, mujeres y niños fueron asesinados. Las estadísticas de la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas revelan el papel de los egresados de la Escuela en El Salvador: dos de los tres oficiales responsables del asesinato del Arzobispo Romero se graduaron en la SOA; tres de los cinco oficiales que asesinaron a las monjas estadounidenses se graduaron de la SOA; los tres oficiales que asesinaron a un líder sindicalista eran graduados de la SOA; dos de los tres oficiales responsables de la masacre en El Junquillo egresaron de la SOA; diez de los doce oficiales responsables de la masacre en el Mozote se graduaron de la SOA; el asesino d unl periodista holandés se graduó en la SOA; de los siete oficiales responsables de la masacre de San Sebastián seis eran graduados de la SOA y 19 graduados de la SOA, del total de los 26 oficiales que asesinaron a los sacerdotes jesuitas, eran graduados de la SOA.
Entre otros prominentes ex alumnos de la Escuela de Asesinos figuran los brutales dictadores y militares General Manuel Noriega (Panamá); General Humberto Regalado Hernández (Honduras); General Manuel Antonio Callejas y Callejas, José Efraín Ríos Montt y Marco Antonio Yon Sosa (Guatemala); Guillermo Rodríguez (Ecuador), Hugo Banzer Suárez (Bolivia); Vladimir Montesinos y Juan Velasco Alvarado (Perú); Leopoldo Galtieri y Roberto Eduardo Viola (Argentina), Raúl Iturriaga, Manuel Contreras, ex director de la tenebrosa DINA y Miguel Krassnoff, Alvaro Corbalán, Carlos Herrera Jiménez, Armando Fernández Larios, Fernando Lauriani, Odlanier Mena y Manuel Provis, sicarios del brutal régimen del General Augusto Pinochet (Chile).
En 1992 el tribunal de derechos humanos de Colombia concluyó que 105 de los 246 oficiales del ejército citados por violaciones de los derechos del pueblo colombiano eran graduados de la SOA. En Guatemala se calcula que en los últimos 30 años más de 200 mil indígenas han perecido a causa de la criminal represión dirigida por generales guatemaltecos entrenados por la SOA.

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