EE.UU. y Bruselas, aliados del fascismo en Ucrania



En el conflicto de Ucrania, los principales medios de comunicación occidentales mienten descaradamente tanto por activa como por omisión, trasladando la idea de un enfrentamiento entre un bando prorruso antidemocrático y una facción europeísta, moderna y liberal. El contraste de estas soflamas tendenciosas con los datos que aporta la realidad ofrece una visión completamente distinta de las controversias en disputa.

Desde el golpe de Estado que derribó al presidente Yanukovich, la oligarquía local formada por millonarios, banqueros y empresarios de los sectores del gas, el petróleo y la metalurgia ocupan posiciones estratégicas en el poder político. Las referencias que certifican lo dicho abundan en las informaciones publicadas  por los mass media alternativos más rigurosos y por fundaciones de carácter independiente no financiadas por Occidente.

Yanukovich fue elegido presidente del país con una diferencia sustancial de más de un millón de votos por encima de su rival Tymoshenho, que por cierto, siendo primera ministra fue sentenciada a siete años de prisión por abuso de poder.

El gobierno ilegítimo salido de la asonada golpista contra Yanukovich está integrado en su totalidad por formaciones o movimientos políticos catalogados por fuentes dignas de todo crédito como utranacionalistas, derechistas, de extrema derecha, fascistas o nazis.

Los partidos del gobierno provisional afines a los postulados e intereses de EE.UU., la Unión Europea y el FMI son Batkivshchyna (Patria), Svoboda (Libertad) y UNA-UNOS (Asamblea Nacional Ucraniana de Autodefensa).

A Batkivshchyna pertenece Tymoshenko, hoy liberada por los magnates que ostentan el poder. El partido se creó en 1999 como una alianza electoral entre diversas fuerzas opositoras de derechas.
Svoboda inició su andadura en 1991. Su ideología no admite dudas: extrema derecha y antisemita. Gran paradoja: muchos de sus dirigentes han sido declarados personas non gratas por Washington.
Por su parte, UNA-UNOS tiene su origen en 1990, aglutinando en sus siglas a veteranos de la guerra soviética en Afganistán.

Resumiendo, EE.UU. y Bruselas son aliados de facto del fascismo ucraniano, aspecto que jamás se menciona en las crónicas de los voceros oficiales occidentales. Otros hechos reprobables que jamás tienen cabida en las informaciones de prensa occidentales son las redadas y agresiones nazis contra personas comunistas en diferentes ciudades de Ucrania.

Aunque los avatares actuales en Ucrania son de índole múltiple y de mayor complejidad que lo relatado hasta aquí, lo cierto es, algo que se obvia intencionadamente por Bruselas y Washington, que los mandatarios de Kiev están al servicio de sus propios intereses empresariales, del neoliberalismo occidental y de una salida meramente capitalista de la crisis.

En fechas anteriores a la explosión golpista apoyada por la CIA y otros servicios de espionaje occidentales atizando las movilizaciones y algaradas callejeras contra Yanukóvich, con evidente simbología nazi y fascista entre los manifestantes de Euromaidén, algunos sondeos demoscópicos indicaban un 38 por ciento de adeptos a un acuerdo de largo alcance con Rusia y unas décimas menos a favor de entablar negociaciones con la Unión Europea. El diálogo político se cercenó merced al golpe de Estado instrumentado entre bambalinas por Washington y Bruselas.

EE.UU. y la Unión Europea ya han invadido Ucrania a través de agentes fascistas interpuestos. Por tanto, en términos crudos y reales cabría hablar de un enfrentamiento entre fuerzas ultranacionalistas nazis de extrema derecha, que representan a las corporaciones ucranianas más poderosas y los intereses de los mercados internacionales, y un amplio sector de la población que busca soluciones viables basadas en la convivencia pacífica y el diálogo constructivo sin consignas imperativas foráneas. Resulta lógico, ante esta situación tan beligerante y desesperada, que las capas trabajadoras y medias busquen amistad con Rusia, con la que existen lazos históricos incuestionables.

El bando de la libertad no se sitúa en el gobierno fascista vigente hoy en Ucrania ni tampoco los denominados prorrusos son los malos irredentos de la película. Una vez más, el capitalismo se alía con los nazis tergivesando los hechos en su propio beneficio. Del lobo que ahora están alimentando los jerarcas occidentales, más tarde saldrán los terroristas de nuevo cuño, que frustrados y abandonados a su suerte, arremeterán furiosos contra los padres putativos que ya no necesitan de su ayuda violenta. Así fue con Al Qaeda, en Afaganistán, en Nicaragua con los contras, en Irán, Irak, Siria, Libia…

Cuando la historia se repite lo hace como farsa (Marx dixit). Y nunca aprendemos del todo. Sirvan estas breves líneas como pequeña contribución para que la verdad siempre contradictoria pueda abrirse hueco entre tanta morralla mediática inducida por Bruselas, Washington y el silencio cómplice del resto de gobiernos títeres bajo la órbita del FMI y la OTAN.

Fuente: Diario Octubre

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