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Con Evo Morales, a Estados Unidos le salió el tiro por la culata

Tras el grave incidente causado por presiones estadounidenses sobre Europa, el resultado es contundente: Evo Morales salió fortalecido. La ofensa al mandatario boliviano volvió como bumerán contra Washington.
Al cierre de esta nota aún faltaba poco para el arribo del presidente Evo Morales al aeropuerto de El Alto, en su patria, tras el más que accidentado viaje de regreso desde Moscú, donde asistió a la II Cumbre de Países Exportadores de Gas.
En el medio, la historia ya conocida. En pleno vuelo y a pocos minutos de traspasar la frontera aérea de Francia, este país le informó al avión de la presidencia boliviana (FAB-01) que por “razones técnicas” no podía autorizar el sobrevuelo del territorio. Portugal emitió una negativa similar, cuando -en el plan de vuelo previsto, avisado y permitido con anterioridad-, la máquina iba a aterrizar en el aeropuerto de Lisboa. España no podía quedarse corta, siendo su gobierno tan reaccionario como Mariano Rajoy, y tampoco dio permiso de sobrevuelo.
Después podrá discutirse si la acción -premeditada e inspirada por razones políticas más allá del Atlántico, en concreto por Estados Unidos- fue o no un secuestro del presidente, tal como lo denunció el vicepresidente del altiplano, Alvaro García Linera. Todo indica que fue una maniobra europea, y Barack Obama su autor mediato, lo que puso en riesgo la vida del aymara y su delegación. Su avión venía viajando desde hacía tres horas y media desde la capital rusa. Y al negarle sobrevuelo y pistas, lo obligaba a buscar otros rumbos sin saber si podría aterrizar en países cercanos y, sobre todo, si le alcanzaría el combustible.
Austria tuvo una postura benévola, de respeto a la ley internacional y la Convención de Viena, según la cual el presidente de un país y su avión oficial gozan de inmunidad. Así fue que el FAB-01 pudo aterrizar en el aeropuerto Schwechat, de la capital austriaca.
Dignidad no se mancha
Como en toda banda imperialista hay un “pibe de los mandados”, lo enviaron al embajador de España en Austria, a pedirle a Morales si podía tomar un café en el avión, cosa de husmear si estaba a bordo el ex analista de la CIA, Edward Snowden. Al embajador Alberto Carnero le dijeron que no y Evo denunció la burda maniobra. A esa altura el presidente estaba muy firme. “No voy a permitir que revisen mi avión. No soy un ladrón”, le dijo por teléfono a Cristina Fernández de Kirchner.
A partir de esa firmeza y con la solidaridad de los gobiernos del ALBA y Unasur, entre muchos otros del mundo, el mandatario pudo reemprender el retorno a su patria. Antes de eso lo había visitado el presidente de Austria, Heinz Fischer, uno de los pocos gobernantes europeos que no perdió el decoro en estas circunstancias. El resto no dijo esta boca es mía, y en particular los presidentes de Francia, Portugal, España e Italia, quedaron retratados como lo que son: obedientes de las órdenes e incluso sugerencias de EE UU.
Eso es así al margen de los matices políticos, porque Francois Hollande dice ser “socialista” y Rajoy es bien “popular” (léase neoliberal a ultranza). En fin, que la crisis del capitalismo europeo ha tenido como una de sus tantas consecuencias el haber aproximado en las recetas del ajuste y políticas anti Tercer Mundo a dirigentes y partidos que antes hacían gala de algunas diferencias.
Lo peor de todo es que esos gobernantes no se hacen cargo de sus graves inconductas. Rajoy desde Berlín negó que España hubiera negado el sobrevuelo de su territorio al avión oficial boliviano, y la cancillería francesa no quiso dar explicaciones. ¿Acaso estos farsantes acusan de mentirosos a Evo Morales, el vice García Linera, el canciller David Choquehuanca y el ministro de Defensa Rubén Saavedra?
Elefante en un bazar
El motivo formal del diferendo fue la sospecha de los gobiernos europeos, mandados ya se sabe por quién, de que en la máquina iba Snowden como pasajero. Morales había declarado a medios rusos, en su breve estancia en Moscú, que si el ex analista pedía asilo en Bolivia, lo consideraría. Se estima que el perseguido por Washington ha cursado solicitudes a 21 países, buscando un lugar en el mundo donde puede respirar más o menos tranquilo. Desde el 23 de junio está en la zona de tránsito del aeropuerto moscovita de Sheremétievo.
Aún suponiendo que el diferendo por el ex espía haya sido el disparador del grave incidente con el gobierno de Bolivia, se demostraría otra vez la cobardía política de las autoridades norteamericanas y europeas. Es que se la agarraron con el mandatario de un país pequeño, por suposiciones, en vez de presentar batalla política y legal contra Vladimir Putin y Rusia, que es el lugar donde se sabe fehacientemente que está, en tránsito, su codiciada presa.
Dicho sea de paso, ese perseguido y otro más, buscado por razones similares, Julian Assange, no son los criminales que pinta el imperio. El mayor criminal es EE UU, que espía al mundo entero, incluyendo sus propios ciudadanos. Lo dijo el fundador de WikiLeaks: “Obama está diciendo a la prensa que nosotros somos espías y lo que nosotros demostramos es que ese Estado es el que espía”.
El tiro le ha salido por la culata a la Casa Blanca. Al moverse como un elefante en un bazar, puede que haya roto el corazón de vidrio a algunos gobiernos frágiles, pero por otra parte puede haber nacido entre varios otros el deseo de fijarle límites y hacerle respetar la ley. Ahora hay más chances de que Snowden tenga una respuesta positiva a su pedido de refugio.
Adivinanza fácil
En la ofensa y humillación cometida contra Morales hubo algo más que buscar al fugitivo ex analista de la CIA. No hay que ser un lince para darse cuenta que también se quería dañar, como fuera, la figura del presidente aymara. ¿Quién o quiénes movieron los alfiles europeos?
Es una adivinanza fácil. Se sopesan estos elementos y surge el principal sospechoso.
Hace cinco años Evo Morales expulsó al embajador norteamericano Philip Goldberg y la agencia supuestamente antidrogas, DEA. El 1 de mayo pasado decidió la salida del país de la USAID, agencia que dice ayudar al desarrollo pero que ya en los '70 encubría a agentes de la CIA, como Dan Mitrione en Uruguay.
La semana pasada el mandatario de la república plurinacional viajó a Nicaragua como invitado especial de la VIII Cumbre de PetroCaribe, empresa solidaria fundada por el inolvidable Hugo Chávez.
Pero antes de embarcarse para Managua, denunció a empleados de la cancillería boliviana que vendían información a Washington: “tenemos informaciones de quiénes dieron información reservada a Estados Unidos en aquellos tiempos (durante el referéndum revocatorio de 2008) y ahora, todavía”.
Y de allí se fue para Moscú, a la Cumbre de Países Exportadores de Gas. Bolivia tiene las segundas mayores reservas de gas de América Latina: 11,2 trillones de pies cúbicos. Ya se sabe, si un país tiene petróleo, gas o agua potable, tiene que cuidarse de EE UU.
Poner a Europa en el freezer
En Moscú el boliviano siguió haciendo cosas políticamente “incorrectas” según el criterio estadounidense. Por caso, se reunió con el anfitrión Putin y manifestó: “ojalá Rusia vuelva a Latinoamérica con su tecnología para frenar cualquier chantaje, cualquier imposición del gobierno de Estados Unidos. El gran deseo que tenemos es que Rusia esté presente en América Latina y El Caribe con toda la cooperación, inversión, especialmente con la transferencia de tecnología”.
Luego expresó su solidaridad con los colegas Nicolás Maduro y Rafael Correa, hostigados por la administración Obama. Y dijo que si recibía algún pedido de Snowden, lo analizaría.
Como si todo eso hubiera sido poco, también tuvo en Moscú otra cálida reunión con un asistente muy mal visto en Washington: Mahmud Ahmadineyad. El iraní había visitado Bolivia en 2007, 2009 y 2012, firmándose varios acuerdos de mutuo beneficio. Eso a EE UU e Israel los pusieron relocos.
Superada la grave provocación estadounidense y europea, Morales estará llegando a su tierra. Y en los próximos días seguramente asistirá a una reunión de urgencia de la Unasur, pedida inicialmente por los cancilleres de Ecuador, Ricardo Patiño, y Venezuela, Elías Jaua.
Allí, entre varias otras resoluciones, sería conveniente mandar al freezer las negociaciones con la Unión Europea, comenzadas como América Latina y el Caribe en 1999 y cuya VII Cumbre de presidentes de las dos zonas se hizo en enero de 2013 en Santiago de Chile (renombrada como I Cumbre Celac-UE). Hasta que las potencias de segundo orden no cesen en hacer trabajo sucio de un imperio decadente, la región no debería perder tiempo en discusiones, de por sí bastante estériles.
Desde la primera cita hasta la séptima, el leit motiv de los europeos fue que los latinoamericanos y caribeños liberalicen el 90 por ciento de su comercio con el viejo continente, para poder vender su sobreproducción, que es parte de su crisis.
La otra conclusión de la reunión es bastante obvia: un compromiso de la Unasur, de que cualquiera de ellos que decida dar asilo a Snowden, contará con el apoyo político total del resto de la comunidad regional. Incómodo momento para los amigos de Washington: Santos, Piñera, Peña Nieto y Humala.

América Latina en Movimiento

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