El Mundo y la realidad: las cinco diferencias

Un artículo de El Mundo titulado ‘Sol y Wall Street: las cinco diferencias’ viene a mostrar, una vez más, el peligroso desconocimiento de algunos medios sobre los movimientos sociales más activos de los últimos años.

La primera diferencia que encuentra el corresponsal es que “La acampada de Sol nació como una explosión plural de hartazgo ciudadano. Sus detonantes fueron la corrupción política y la injusticia del sistema electoral. Los indignados neoyorquinos, en cambio, apuntan desde el principio contra las entidades financieras”. Primer error (o primera mentirijilla interesada). Las movilizaciones que estallaron el 15 de mayo en España apuntaban, sí, contra los políticos, pero también, por supuesto, contra las entidades financieras a las que se refiere el periodista. El lema de la movilización del 15 de mayo era explícito: “Democracia Real Ya. No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”.


La segunda diferencia que ve el redactor es que ambos movimientos han seguido progresiones opuestas. “Los indignados neoyorquinos han arrancado de menos a más. Con la acampada de Sol ocurrió justo lo contrario”, dice. Lo cierto es que las progresiones son muy similares. El movimiento español no arrancó con los “populosos” primeros días que recuerda el corresponsal, sino que echó a andar lentamente con movilizaciones embrionarias anteriores: desde pequeñas concentraciones contra la Ley Sinde hasta la

marcha del 7 de abril, ya muy concurrida, pero mucho menos que las que vendrían después. Es más, la eclosión masiva del movimiento ha tenido un catalizador casi idéntico: la intervención policial contra algunos ‘pioneros’ de ambas acciones –durante la madrugada del 16 al 17 de mayo en Madrid y durante la ocupación del puente de Brooklyn en Nueva York-.

La tercera diferencia que dice haber hallado el corresponsal encierra una sonrojante contradicción. Según él, “las acampadas españolas contenían un mensaje transversal contra el bipartidismo. Las de Estados Unidos son la expresión del descontento con la gestión de la Casa Blanca”. Sin embargo, después de insinuar que los indignados neoyorquinos se oponen solo a Obama, revela que, entre las críticas que le hacen está “que se parece demasiado a Bush” y que “entre sus miembros no hay conservadores”. Es decir, ni demócratas ni republicanos. Si no es el mismo “mensaje transversal contra el bipartidismo”, se parece bastante.

La cuarta diferencia es algo más certera. Explica que “las acampadas españolas se distanciaron desde el principio de los sindicatos y acusaron a sus líderes de ser cómplices de los desmanes del los dos grandes partidos. Los neoyorquinos, en cambio, han forjado con ellos una alianza coyuntural”. Algún ejemplo puede matizar esta afirmación, como la frágil y tensa, pero exitosa, convergencia de indignados y sindicatos en las movilizaciones de la comunidad educativa madrileña contra los recortes.

La quinta diferencia asegura que “las acampadas españolas arrancaron como una enmienda a la totalidad. En Nueva York, en cambio, las pancartas apuntan a Rupert Murdoch, a la banca y a los tiburones de Wall Street”. Solo esto último ya podría ser considerado una “enmienda a la totalidad”, pero es que, además, tal distinción contradice la tercera diferencia proclamada por el mismo redactor. ¿No decía antes que las críticas también se dirigían a la gestión de Obama en la Casa Blanca? ¿Por qué sostiene ahora que las críticas solo se dirigen a la derecha mediática y financiera?

Nadie puede dudar de la heterogeneidad de los movimientos de ‘indignación’ ciudadana que surgen en diferentes ciudades y países del planeta. El abanico de similitudes y diferencias es enorme: desde la primavera tunecina hasta Wall Street, pasando por las acampadas en España o Israel, las huelgas generales en Grecia, la agitación contra los corruptos en Brasil, las revueltas estudiantiles en Chile y Reino Unido, las manifestaciones antinucleares en Japón, las marchas de los jóvenes portugueses...

No hace falta inventar diferencias, las hay, por supuesto, y muy enriquecedoras. Sin embargo hay algo en común en todas ellas, y ese algo intangible es lo que asusta a los portavoces del discurso único y del pensamiento social dominante. Más que diferenciar a unos movimientos de otros, se diría que buscan distanciarlos. Parece un esfuerzo inútil y el inminente 15O puede ser una muestra.

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