África, en manos del dragón chino

 

Continúa la ofensiva a gran escala de China en África. En el Foro de Cooperación China-África (FOCAC), celebrado esta semana en la localidad egipcia de Sharm El Sheikh, el gigante asiático no ha escatimado esfuerzos para apuntalar la estrategia que garantice su acceso a los recursos naturales y el suministro futuro de materias primas.

En la Cumbre, que contó con la presencia de 49 países africanos, Pekín puso detrás de su compromiso una cifra arrolladora encima de la mesa: 10.000 millones de dólares (unos 6.650 millones de euros) en créditos blandos para los próximos tres años.

Otras ayudas incluyen la eliminación de aranceles para los productos de los países africanos más pobres con el objetivo de facilitar su acceso al mercado chino; la puesta en marcha de un centenar de proyectos de energías renovables; y la construcción de 30 hospitales y medio centenar de escuelas, además de la formación de 3.000 médicos y 1.500 profesores, entre otras formas de cooperación.

Todo ello sin contar las ayudas ya comprometidas en el año 2006, las que China brinda bilateralmente a países específicos o la cancelación de la deuda africana.

Petróleo y minerales

La política china en África, que el primer ministro comunista, Wen Jiabao, insiste en calificar como "desinteresada", está dando ya los frutos esperados por todo el continente. Porque, una vez asfaltado diplomáticamente el camino, son las empresas estatales las encargadas de ejecutar sobre el terreno la estrategia oficial.

Sólo en los primeros seis meses de este año, las grandes corporaciones públicas del sector energético han invertido ya 60.000 millones de dólares (casi 40.000 millones de euros) en activos o derechos de explotación en minas y compañías petrolíferas del continente negro.

La última operación, hace pocos días, certificó una polémica inversión minera de 7.000 millones de dólares (4.660 millones de euros) en Guinea-Conakry, país gobernado por una dictadura militar.

El despliegue de tentáculos en forma de inversión y comercio a gran escala acontece a lo largo y ancho del continente, especialmente en países ricos en minerales y petróleo como Angola, Sudán, Nigeria, Zambia y República Democrática del Congo, entre otros. De hecho, un estudio reciente del Instituto Sudafricano de Asuntos Internacionales señala que "el 83% de las exportaciones africanas a China en 2007 fueron en forma de petróleo".

¿Saqueo de recursos?

Datos como éste han llevado a los críticos a insinuar que China está aprovechando su poderío económico y las urgencias africanas para saquear los recursos naturales de un continente mayormente pobre. Tampoco contribuye a rebajar el tono de las críticas el apoyo implícito -y financiero- que, según muchos, brinda Pekín a países que, como Sudán, Guinea, Chad o Zimbabwe, se han hecho célebres por sus sistemáticas violaciones de los derechos humanos. Acusaciones todas ellas que, como era de esperar, fueron rebatidas por Wen Jiabao durante la Cumbre de Egipto.

"Las alegaciones de que China ha ido a África a saquear sus recursos y a practicar el neocolonialismo son absolutamente insostenibles", dijo. En su defensa aseguró que las importaciones energéticas de China en África suponen sólo el 13% de las exportaciones totales africanas.

También remarcó que la política china en la región "está orientada a contribuir al bienestar de la gente", dijo en referencia al esfuerzo que China realiza al tener en marcha incontables obras de infraestructuras, incluida la construcción de colegios, hospitales o estadios de fútbol.

Además, en países que fueron literalmente arrasados por guerras recientes, como Angola o Ruanda, las empresas chinas están liderando la reconstrucción. Por supuesto, el coste, la rapidez y la más que aceptable calidad de la oferta china son prácticamente imposibles de batir. Factores todos ellos que seducen especialmente a los Gobiernos africanos. "En términos de entrega y velocidad no hay una opción mejor que la china. Puede haber factores negativos, pero la cuestión es cómo consigues un impacto más rápido", explica Felix Mutati, ministro de Comercio de Zambia a elEconomista.

No vincular las ayudas y la ejecución de proyectos a las condiciones políticas que sí exige Occidente en términos de corrupción y la democracia, juega también a favor del país asiático. "Hay que ser prácticos. Todo es cuestión de eficacia a la hora de afrontar los retos del desarrollo", reconoce Mutati.

Segunda oleada inversora

Sea como fuere, lo cierto es que la luna de miel entre ambos ha impulsado ya una segunda oleada de inversiones chinas en sectores no vinculados a los recursos naturales, lo que ha inundado África de empresas chinas públicas y privadas, cuando no de empresarios individuales, que están atacando con indudable éxito los mercados locales del continente.

El impacto en las telecomunicaciones -gracias a compañías como Huawei y ZTE- y en el sector del automóvil es especialmente visible. Por tanto, no es ninguna sorpresa que el comercio entre ambos se haya disparado en los últimos años. De hecho, desde el año 2000 se ha multiplicado por diez.

Y sigue creciendo a un ritmo vertiginoso: en 2008, el comercio superó los 106.000 millones de dólares (unos 70.500 millones de euros), un 45% más que en 2007. Ahora bien, ello no implica que África sea necesariamente la más favorecida de los dos por el mayor flujo de intercambios comerciales. Según la Fundación Rockefeller, sólo 15 del medio centenar de países africanos tiene superávit con el gigante asiático.

En medio de una ofensiva china que, por su eficacia, amenaza con desbancar -si no ha ocurrido ya- los intereses occidentales en el continente negro, son también crecientes las voces que alertan de los riesgos futuros que sobrevuelan sobre África. "No sólo es una cuestión de que se llevan a sus propios trabajadores, de que en los contratos se exige un alto porcentaje de materiales chinos o de que no haya transferencia tecnológica", advierte un diplomático de Namibia que accedió a hablar con este diario a condición de anonimato. "Lo malo es que los chinos serán los nuevos imperialistas. Y a ver qué pasa entonces con África", concluye.

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