LA GRIPE AVIAR, EL TAMIFLU Y EL NEGOCIO DEL MIEDO

Desde que el famoso virus de la gripe aviar fuera detectado en Vietnam hace ya nueve años no llegan a cien las víctimas mortales que se achacan a la enfermedad en todo el mundo a pesar de lo cual una bien orquestada maquinaria de propaganda ha hecho creer a la población que hay riesgo de pandemia y que un producto llamado Tamiflu -cuyo principio activo se extrae del anís estrellado- es la solución. Una gigantesca mentira que obedece a una estrategia comercial para hacer negocio a costa del miedo. Desvelamos las claves de un tinglado al que están inexplicablemente contribuyendo la práctica totalidad de los grandes medios de comunicación. Hablar de una posible pandemia cuando el virus de la gripe aviaria no se contagia ingiriendo carne de aves infectadas y jamás se ha transmitido entre humanos es una burla.

Después de arrasar miles de granjas y provocar la muerte indirecta de millones de aves -por cada ave encontrada muerta y presuntamente contagiada se masacran miles- el virus de la gripe aviaria ha dejado Asia llegando a Europa. Un peligrosísimo virus al que se achaca ser el causante de un centenar de muertes ¡en nueve años! -desde el 23 de diciembre al 9 de enero murieron en las carreteras españolas 176 personas- y eso que sólo en Asia -donde aparentemente comenzó todo- viven miles de millones de personas y decenas de miles de millones de aves, en algunos casos en convivencia muy próxima. Es más, nueve años después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) se pusiera a seguir las evoluciones del virus ¡sigue sin aparecer un solo caso de transmisión entre humanos! Y a pesar de todo vivimos angustiados de miedo ante los grandes titulares de los medios de comunicación, temblamos con cada cisne muerto y, de paso, llevados por la histeria, amenazamos el futuro de nuestra industria avícola y llevamos a la ruina a las granjas ecológicas. A este paso en Asia acaban comiendo pollos envasados... en Kentucky.

En suma, puede que algún día llegue una pandemia -afirman que en cada siglo cae más de una- pero cualquier científico responsable reconoce hoy que nadie puede afirmar ni cuándo, ni cómo. Y por supuesto tampoco si se producirá la "temida" mutación del virus de la gripe aviaria y si, en el caso de que así sea, será peligrosa para el hombre o para otros mamíferos y si surgirá de la naturaleza... o de un laboratorio dedicado a buscar vacunas contra virus fantasmas.

LA PANDEMIA
Así que tratemos de nadar contracorriente y de ver de otra manera lo que ocurre más allá de cada cisne, pato, loro o pollo muerto que aparece en el mundo. La sensación de miedo ante la gripe aviaria -que una política de comunicación irresponsable e interesada alentó a lo largo del 2005 como ocurriera con el virus SARS durante los años 2002 y 2003- se convirtió en "certeza" el pasado 1 de noviembre. George Bush, con todo el boato de una gran declaración pública y rodeado de sus colaboradores de confianza -la Secretaria de Estado Condolezza Rice, el Secretario de Seguridad Interna, el de Agricultura, el de Servicios Sociales y de Salud, el de Transportes, el de Asuntos para los Veteranos y hasta el Director General de la OMS- hacía en los Institutos Nacionales de la Salud una declaración de alcance planetario alertando de una "posible pandemia". De hecho, sus primeras palabras las dedicó a meter miedo recordando la gripe de 1918. "En el último siglo -dijo Bush- nuestro país y el mundo han sido víctimas de tres grandes pandemias de gripe y los virus de las aves contribuyeron a todas ellas. La primera, la de 1918, mató en torno a medio millón de norteamericanos y a más de 20 millones de personas en todo del mundo". Después acentuó la sensación de peligro: "Los científicos y los médicos no pueden decirnos dónde o cuándo estallará la próxima pandemia o cómo será de severa pero la mayoría está de acuerdo: en algún momento deberemos afrontarla". Para terminar a Bush sólo le quedó "facilitar" la asociación de ideas al desinformado ciudadano de a pie: "La comunidad científica está cada vez más preocupada por un nuevo virus de la gripe conocido como H5N1 o gripe aviar". En otras palabras, hizo tañir la campana del miedo y en el mundo occidental nos dispusimos a correr como pollos sin cabeza a la búsqueda de soluciones.

Bush anunció a continuación que iba a solicitar al Congreso una partida económica extraordinaria para hacer frente al pánico virtual creado interesadamente y que no se correspondía en absoluto con la realidad atendiendo a la cifra de afectados y muertos por la gripe aviar. ¡Mil doscientos millones de dólares para la adquisición de vacunas destinadas a proteger a veinte millones de estadounidenses, dos mil ochocientos millones para la investigación de métodos más rápidos de producción de antídotos contra la enfermedad y mil millones más para la compra de medicinas. Pero como sólo el que habla se equivoca... al Secretario de Salud estadounidense, Mike Leavitt, se le escapó ante la prensa, en el calor del debate provocado por las declaraciones de Bush, esta perla: "Si no es el actual virus H5N1 el que provoque una pandemia de gripe... en algún momento del futuro otro virus lo hará". Pero en ese caso, ¿a qué viene todo el tinglado que se ha montado?

En suma, lo que hizo Bush fue declarar la guerra preventiva versión II, esta vez ¡contra un H5N1 mutado inexistente! Y como ocurriera en el caso de la guerra preventiva 1 -la de Irak- también se usaron fotos para explicar la "necesidad" de actuar. El mundo occidental, conservador y miedoso, comenzó a tal fin a ser bombardeado con viejas fotos en blanco y negro de pabellones abarrotados de enfermos y decenas de tumbas causadas por la gripe española... aunque tal gripe nunca fue española ya que se inició en un campamento militar de Kansas en marzo del 1918 viajando hasta Europa cuando ya las autoridades militares sabían de su gran virulencia.

Y de la mano del problema... nos dieron la "posible" solución (ya se sabe que los problemas sin soluciones suelen producir el descrédito y caída de los gobernantes). Y de repente, de la noche a la mañana, tras un año negro para la Big Pharma -las multinacionales farmacéuticas-, los laboratorios volvieron a ser presentados ante el mundo como los salvadores de la humanidad. Un fármaco conocido como Tamiflu comercializado por la empresa suiza Roche y avalado por las autoridades norteamericanas y la OMS se presentó al mundo como la gran esperanza ante tan "terrible" amenaza. Sólo que el Tamiflu (oseltamivir) es un "antiviral" que no previene ni cura nada. Como mucho alivia -y no siempre ni completamente- los síntomas de una gripe normal por lo que es muy improbable que sirva ante un virus mutado pues lo que realmente se precisaría en tal caso es una vacuna específica. Pero, ¿acaso eso importaba? En absoluto. Sólo unos días después del anuncio el Tamiflu se convertía en lo que la industria denomina un blockbuster o fármaco estrella, un medicamento capaz de alcanzar 1.000 millones de dólares anuales de facturación cuando en el 2004 había registrado una caída en las ventas del 19% bajando hasta "sólo" 254 millones. En los primeros momentos de euforia los analistas económicos calcularon que en el 2006 podría alcanzar cifras de facturación cercanas a los 1.800 millones de dólares. Incluso se ha hablado ya de la instalación de una planta de la farmacéutica en Estados Unidos -principal avalista del medicamento- para el próximo otoño a fin de aumentar la producción.

En pocas palabras, las ventas se dispararon a pesar de la opinión expresada por muchos especialistas y del informe realizado por el instituto italiano de investigación Cochrane Vaccines Field -financiado en parte por el Ministerio de Sanidad británico y recogido por la revista The Lancet- en el que se cuestionaba la utilidad del Tamiflu y la política de los gobiernos de acumular millones de dosis del producto. Todos sabemos que las compras compulsivas efectuadas en las farmacias por la gente más influenciable y miedosa de los países donde está autorizado el Tamiflu provocaron que se agotara pronto, algo a lo que contribuyeron las absurdas peticiones de muchos gobiernos -entre ellos el nuestro- de millones de dosis... que se servirán a lo largo de los próximos años. Es decir, la Ministra de Sanidad y Consumo, Elena Salgado, contribuyó también a tamaño dislate como en su día hiciera su antecesora, Ana Pastor, encargando millones de dosis para protegernos del virus de la viruela que en cualquier momento nos podía lanzar Sadam Hussein. Como todos sabemos hoy los arsenales de destrucción masiva almacenados en Irak eran también terribles. En definitiva, la nueva "guerra preventiva" de George Bush tenía ya un primer claro ganador entre ganadores: la multinacional Roche.

GILEAD INCORPORATIONS ENTRA EN EL ESCENARIO
Entonces, cuando nadie se lo esperaba, hizo su entrada en el escenario -a través de las páginas de información económica- la empresa californiana de Biotecnología Gilead Sciences Inc. Y todos nos enteramos de que esa empresa era inicialmente la titular de la patente del Tamiflu cuyos derechos de comercialización había cedido a Roche en 1996 y que había entablado un proceso legal contra ella para recuperar el control del producto -por el que aún cobraba derechos por cada dosis vendida- alegando que Roche no hacía esfuerzos suficientes para comercializarlo. "Roche -explicaría John Martin, Jefe Ejecutivo de Gilead Sciences Inc- no ha demostrado el compromiso requerido con el Tamiflu desde su lanzamiento en Estados Unidos hace casi seis años, ni le ha asignado los recursos necesarios para hacer 'comprender' a médicos y consumidores el potencial del producto como tratamiento preventivo para la gripe".

El resultado de la iniciativa fue que ambas empresas se sentaron a "negociar" y acordaron en un tiempo récord constituir dos comités conjuntos, uno que se encargase de coordinar la fabricación mundial del fármaco y decidir sobre la autorización a terceros para fabricarlo, y otro para coordinar la comercialización de las ventas estacionales en los mercados más importantes, incluido Estados Unidos. Además Roche pagó a Gilead Sciences Inc unas regalías retroactivas por valor de 62,5 millones de dólares. Y por si fuera poco la empresa norteamericana se quedó con otros 18,2 millones de dólares extra por unas ventas superiores a las contabilizadas entre 2001 y 2003. A lo que hay que añadir un dato: Roche tiene el 90% de la producción mundial de anís estrellado, árbol que crece fundamentalmente en China -aunque también se encuentra en Laos y Malasia- y que es la base del Tamiflu.

En suma, la gripe aviaria permitió poner a disposición del Tamiflu la mejor campaña de marketing que nadie podía esperar: miles de periódicos y cadenas de radio y televisión trabajando cada día a favor del producto gratuitamente y con el beneplácito de las autoridades de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y así, mientras los pollos muertos seguían apareciendo en Asia y algunas pocas aves empezaban a aparecer muertas en Europa, Roche hacia caja y Gilead recogía los beneficios de "su" patente.

¿Y QUIÉN ESTABA ENTRE BAMBALINAS? ¡DONALD RUMSFELD!
Llegados a este punto hay que decir que lo que muchos ignoraban es que detrás de todo esto había un personaje bien conocido y de enorme poder en el mundo: el Secretario de Estado de Defensa de los Estados Unidos, Donald Rumsfeld. Y si bien algunas revistas especializadas y diarios locales se dieron cuenta y lo dieron a conocer de inmediato no se valoraría su importancia hasta que el New York Times se hizo eco de la verdad el pasado 2 de febrero. Y esa verdad es que Rumsfeld -uno de los cerebros de la "guerra preventiva" contra Irak- fue el máximo responsable operativo de la compañía fabricante del Tamiflu -la Gilead Sciences Inc.- desde 1997 hasta su nombramiento por George Bush como Secretario de Defensa. Es más, aún hoy es uno de los mayores accionistas de Gilead Sciences Inc. Según el diario norteamericano ha reconocido ese hecho en todas sus declaraciones de renta.

Como el lector podrá imaginar fueron muchas las personas que se mosquearon. Y al Pentágono no le quedó otro remedio que emitir un comunicado -que se dio a conocer a mediados de octubre pasado- "aclarando" que Rumsfeld no había tomado parte en ninguna decisión relacionada con los medicamentos designados por el Gobierno para prevenir o tratar la gripe aviaria ni lo haría en el futuro. Poco después, en noviembre, la conocida revista Fortune comentaba que Rumsfeld, después de realizar diversas consultas jurídicas, había decidido no vender sus acciones para no ser acusado de "información privilegiada". ¿Fue por eso? ¿O fue porque sabía lo que iba a pasar? Porque lo cierto es que las acciones de Gilead Sciences Inc han pasado de valer 7 dólares cuando Rumsfeld pasó de su cargo ejecutivo en la multinacional a la Secretaría de Defensa ¡a cerca de 60! En otras palabras, el Tamiflu ha enriquecido -aún más- al Jefe del Pentágono.

¿Ha estado pues Rumsfeld "al margen" de la toma de decisiones del Gobierno del que forma parte? Es discutible pero lo que no lo es que en el Gabinete está su amigo Dick Cheney, actual vicepresidente de Estados Unidos. Y recordemos que hablamos de la persona que encabezaba la corporación Halliburton hasta que fue nombrado vicepresidente por Bush... y que esa corporación recibió contratos multimillonarios para la reconstrucción de Irak así como para el suministro de material a las fuerzas estadounidenses. Nadie medianamente informado duda pues de que ambos reman en la misma dirección desde hace años. De hecho ya en tiempos de la Administración de Ronald Reagan trabajaron juntos aunque entonces la relación jerárquica era a la inversa: ¡Rumsfeld era el jefe de Cheney!

Además en la ejecutiva de Gilead Sciences Inc ha habido mucha gente cercana al poder. Es el caso de George Schultz, ex Secretario de Estado de Ronald Reagan entre 1982 y 1989. Y el de Etienne F. Davignon, que fue vicepresidente para las políticas de Energía, Industria e Investigación en la Unión Europea de 1981 a 1984. ¿Habrá relación entre ellos? Porque da la casualidad de que Davignon y Rumsfeld, por ejemplo, son identificados como miembros del denominado Club Bilderberg compuesto por destacados hombres de la política y la economía de todo el mundo que se reúnen anualmente para hablar de los problemas internacionales (y hay quien sostiene que también para proponer cómo "resolverlos"). Hablamos de un selecto club cuya filosofía quizás la resuma la declaración de David Rockefeller -uno de sus miembros más ilustres, participante en todas las reuniones desde que el club se fundara en 1954 y fundador de la Comisión Trilateral- cuando en febrero de 1999 declaró a la revista Newsweek: "Ya que los gobiernos son incapaces de llegar a acuerdos en los grandes asuntos nadie mejor que la iniciativa particular para lograr este fin". Añadiendo sin tapujos: "Algo debe reemplazar a los gobiernos y el poder privado me parece la entidad adecuada para hacerlo".

UNA VEZ PUEDE SER CASUALIDAD. ¿Y DOS?
Por otra parte en la trayectoria política de Rumsfeld no es la primera vez que sus intereses privados se ven afectados al alza por decisiones de carácter "político" tomadas en su entorno. Todos sabemos que tras el atentado de las Torres Gemelas en Nueva York la cultura del miedo se instaló en la sociedad norteamericana y que los envíos de cartas con polvo de ántrax realizados en los meses posteriores contribuyeron bastante a ello. Y también sabemos que en un principio fueron presentados como obra de terroristas conectados con Al Qaeda y quizás con Irak hasta que a la Casa Blanca no le quedó más remedio que admitir públicamente que no existían "pruebas" de tales conexiones. A pesar de lo cual la Administración Bush se las ingenió para manejar la incertidumbre y conseguir mayor respaldo a su recién planteada estrategia de guerra preventiva adoptando medidas legales encaminadas a "proteger el país de posibles ataques bioterroristas". Y eso que al poco tiempo las pruebas señalaron como autores a terroristas de la ultraderecha estadounidense sin conexión con el terrorismo islámico. Es más, se planteó que el ántrax utilizado podía haber salido de instalaciones militares norteamericanas. De hecho el 13 de diciembre del 2001 el New York Times recogía las declaraciones de varios responsables norteamericanos que reconocían que científicos que habían trabajado para el Ejército norteamericano habían producido ántrax en forma de polvo similar al encontrado en las cartas enviadas por correo... con usos militares. Una noticia que resultó especialmente significativa porque por primera vez se desvelaba que el Gobierno norteamericano había ordenado producir ántrax a pesar de que Estados Unidos suscribió el tratado de 1969 sobre la prohibición de armas biológicas.

Bueno, pues a pesar de todo la posibilidad de ataques tanto dentro como fuera del país -las tropas ya estaban en Afganistán- siguió siendo esgrimida por el Gobierno de Bush y al ántrax le sustituiría en la estrategia del miedo... ¡la viruela! Comenzó a hablarse así de un posible ataque -tanto a las tropas como a la población civil en territorio norteamericano- con armas biológicas y, en especial, con el virus de la viruela. Y en diciembre del 2002 Bush dio a conocer el Programa Federal de Vacunación contra la Viruela que abarcaba en principio a medio millón de soldados y 40.000 miembros de los cuerpos de emergencia. El día 12 Rumsfeld declaraba ante la CNN que, siguiendo las indicaciones presidenciales, él sería el primero en vacunarse (de lo cual, por cierto, no existen pruebas documentales).

Como resultado de la decisión presidencial el Pentágono hizo acopio no sólo de vacunas sino también de un medicamento, el Vistide, para "paliar" los fuertes efectos secundarios que podía provocar la vacuna. Lo singular es que el Vistide era un medicamento autorizado para ¡el tratamiento de infecciones virales graves en los ojos de personas infectadas con el VIH! Y fue el US Army Medical Research & Materiel Command (USAMRMC) quien obtuvo de la FDA permiso en septiembre del 2002 para usarlo bajo un protocolo especial en los casos de viruela. ¿La excusa? Que el U.S. Army Medical Research Institute of Infectious Disease tenía en su poder investigaciones que concluían que el Vistide podía usarse para prevenir la enfermedad y muerte relacionadas con la varicela ¡en monos!, similar a la viruela en humanos. Sin embargo, que se sepa ningún estudio hecho sobre humanos avalaba su uso en soldados o civiles en nada relacionado con esa grave enfermedad.
William Engdahl, analista político crítico con la Administración Bush, recordando el episodio de la amenaza de la viruela, escribió a finales del pasado año en un artículo titulado ¿Es la gripe aviaria otra broma del Pentágono? lo siguiente: "Cada vez más profesionales experimentados advierten de los peligrosos efectos secundarios de la vacuna contra la viruela. Afirman que puede producir, entre otros, graves enfermedades cerebrales y del corazón, autismo, cambios cromosomáticos anormales, diabetes y diversos cánceres y leucemias así como la desmielinización de los tejidos nerviosos años después de la vacunación. Muchos pensaron si no sería mejor correr el riesgo de un ataque bioterrorista que vacunarse. La campaña de vacunación masiva contra la viruela fue un fracaso. Pero entre tanto se produjeron millones de dosis de Vistide que se vendieron al Gobierno norteamericano para disminuir los efectos de la viruela por si se llevaba a cabo un hipotético ataque.

El Pentágono fue uno de los mayores compradores de Vistide en ese momento".

Bueno, pues resulta que el Vistide, el fármaco beneficiado por el Pentágono, es -¡qué casualidad! - un fármaco de Gilead Sciences Inc, la multinacional de la que es accionista Donald Rumsfeld. Todo un negocio si tenemos en cuenta que según la Universidad de Pensilvania el coste de la unidad de Vistide (375 mg) era en julio del año pasado de 725,64 $ y la recomendación para su uso como antivírico es la de una dosis de 350 mg cada dos semanas. Otro negocio redondo.

NO HAY DOS SIN TRES
Agregaremos para los que todavía crean en tantas casualidades que no fue con motivo de la vacunación contra la viruela cuando apareció por primera vez el nombre de Rumsfeld vinculado con un producto relacionado con la salud. En 1965, mientras trabajaba en un fármaco contra la úlcera, James Schlatter -un químico de la empresa GD Searle- descubrió accidentalmente el aspartamo, una sustancia 180 veces más dulce que el azúcar pero sin calorías que aún hoy, a pesar de su uso generalizado, sigue envuelta en la controversia. El caso es que ocho años después de su descubrimiento -en 1973- la FDA descartó la comercialización del producto ante las dudas existentes sobre su toxicidad. Y seguir el relato de lo ocurrido a través de la descripción de James Turner -director del National Institute of Science, Law and Public Policy- en The History of the Aspartame Controversy es adentrarse en un mundo oscuro de maniobras políticas donde al parecer casi todo vale. Resulta que en 1976, dos años después de que el producto obtuviera la autorización para su uso en comidas aunque no en bebidas, la FDA decidió emprender una investigación sobre la fiabilidad de los estudios presentados por GD Searle. Y se descubrió que los resultados de las pruebas estaban llenos de inexactitudes y datos maquillados. Por primera vez en su historia la FDA solicitaría por ello a la Fiscalía General una investigación para averiguar si GD Searle había cometido delito por "ocultar hechos materiales y realizar falsas declaraciones en las pruebas de seguridad del aspartamo".

Bueno, pues el 8 de marzo de 1977 GD Searle, ante el acoso al que estaba sometida, decidiría nombrar a Donald Rumsfeld -por aquel entonces miembro del Congreso y antiguo Secretario de Defensa con la Administración de Gerald Ford, nuevo Jefe Ejecutivo de la empresa. Sin embargo, a pesar de que finalmente el Gran Jurado nunca llegaría a reunirse, en 1980 The Public Board of Inquiry concluiría que el NutraSweet (aspartamo) no podía ser aprobado hasta que se realizasen más investigaciones ya que se habían detectado tumores cerebrales en los animales a los que se había suministrado el producto. GD Searle se veía así de nuevo en un callejón sin salida.
Lo que pasó luego lo relata claramente Turner: "En enero de 1981 Rumsfeld, en una reunión de directivos de ventas de la compañía, declararía que iba a hacer un gran esfuerzo para conseguir la aprobación del aspartamo ese mismo año. Añadiendo que en lugar de medios científicos a fin de asegurarse la aprobación usaría sus influencias políticas en Washington". Sólo unos días después, el 21 de enero, Ronald Reagan juraba como Presidente de Estados Unidos e incluía en su equipo a Donald Rumsfeld. Nombrándose poco después un nuevo Comisionado en la FDA: Arthur Hull Hayes Jr.

El resto es conocido: en junio de ese mismo año se aprobaba el uso del aspartamo en bebidas gaseosas y otros líquidos. Lo que fue posible porque en uno de sus primeros actos como máximo responsable de la seguridad alimenticia y farmacéutica Hull Hayes decidió con su voto de calidad el empate que se produjo en la votación. Empate que, por otra parte, fue posible -según se denunció- porque a última hora se incorporó además a la Comisión que tenía que decidir nuevamente sobre los estudios sobre el aspartamo un hombre cercano a Hayes.

Don Harkins -del Idaho Observer, publicación crítica con el Gobierno norteamericano- describió así lo sucedido: "Rumsfeld antepuso la política a la seguridad y salud públicas, y a causa de ello cientos de millones de personas en el mundo no pueden pensar claramente y sufren diversas enfermedades crónicas. Por tanto es lógico que los síntomas asociados al uso del aspartame sean conocidos como "la enfermedad de Rumsfeld'". A día de hoy, como decíamos, sigue la polémica sobre el aspartamo aunque eso es ya objeto de otro reportaje.

NI HAY TRES SIN CUATRO
Claro que como no hay tres sin cuatro resulta que tampoco fue esa la primera vez que el nombre de Rumsfeld ha aparecido vinculado a una vacunación masiva. Rumsfeld formaba parte del gabinete de Gerald Ford -con quien a los 43 años llegó a ser el Secretario de Defensa más joven de la historia de Estados Unidos (1975-1977)- cuando en 1976 se empezó a extender la alarma entre la población sobre una posible epidemia de gripe similar a la de 1918. Como vemos, lo de las alarmas no es nuevo.
Todo empezó cuando un recluta murió en New Jersey de una gripe que los expertos pensaron que "podía" estar relacionada con el virus de la gripe del cerdo. Y enseguida empezó a hablarse de una pandemia similar a la de 1918. ¿Y cuál fue la solución propuesta por la Administración? Poner en marcha una campaña de vacunación masiva.

En su reciente obra Las Guerras del cangrejo: un cuento de cangrejos herradura, bioterrorismo y salud humana, William Sargent -escritor medioambiental- recuerda: "Rumsfeld, que era entonces y es de nuevo Secretario de Defensa, hizo de la gripe del cerdo un problema político para prestigiar la campaña del presidente Ford, un líder interino sin una causa (recordemos que Ford llegó a la presidencia por la dimisión de Richard Nixon a causa del caso Watergate en 1974 y las elecciones se celebraban al año siguiente). A instancias de Rumsfeld la Administración llegó a afirmar que 'vacunaría a cada hombre, mujer y niño'. Se fabricaron grandes cantidades de vacunas y se distribuyeron rápidamente. Algunos lotes resultaron contaminados. Seiscientas personas enfermaron y 52 murieron. El programa se detuvo un mes después de comenzar. Y nadie murió de la gripe del cerdo". El colofón de la historia es que el uso de la vacunación como arma política acabó mal en esa ocasión: Ford perdería las elecciones y James Carter se convertiría en el nuevo presidente de Estados Unidos.

BUSH, AL AUXILIO DE LAS MULTINACIONALES FARMACÉTICAS
En definitiva, al igual que las coincidencias unen a Donald Rumsfeld con diversos estados de alarma sanitaria en el pasado quizás sea también casualidad que coincidiendo con la alarma de la gripe aviaria los republicanos hayan dado luz verde a una ley -de momento en el Senado- que cubre algunas de las grandes aspiraciones de los fabricantes de vacunas al aprobarse en el Subcommittee on Bioterrorism and Public Health Preparedness la "iodefense and Pandemic Vaccine and Drug Development Act of 2005 (S1873).
La ley S1873 -o Ley Burr por Richard Burr, presidente del Comité- crea la Biomedical Advanced Research and Development Agency (BARDA) como responsable único en el Estado de la investigación avanzada y desarrollo de medicamentos y vacunas en respuesta a los brotes de bioterrorismo y epidemias de enfermedades naturales como la gripe.

La nueva agencia, la BARDA, operará en secreto y estará exenta de la Freedom of Information Act and the Federal Advisory Committee Act de tal manera que ninguna evidencia sobre lesiones o muertes causadas por medicamentos y vacunas etiquetadas como "contramedidas" se hará pública nunca. La ley eliminará además los elementos reguladores y legales aplicados a las vacunas así como el derecho de los niños y adultos dañados por vacunas y medicamentos a presentar su caso ante la Justicia.

"Esta legislación -manifestó Bárbara Loe Fisher, presidenta del National Vaccine Information Center (NVIC), como el poder y el dinero otorgado a los funcionarios de salud federales y a la industria en el Homeland Security Act of 2002 y en el Project Bioshield Act of 2004, es un esfuerzo inconstitucional por absolver a todos los relacionados con la fabricación de vacunas de cualquier responsabilidad por las lesiones y muertes que ocurran. Significa que si un americano es dañado por una vacuna de gripe experimental o ántrax que se le obliga a ponerse a ese ciudadano se le prohibirá ejercer el derecho constitucional a pedir responsabilidades aún cuando se revele que el fabricante de la vacuna incurrió en un fraude delictivo y negligencia en la fabricación de la vacuna".
Y por si no tuviera bastante con esa ley, George Bush, en el marco de la actual crisis sanitaria mundial, ha defendido la Pandemic Flu Countermeasure Liability Protection Act de 2005 por la que se insiste también en proteger a productores y distribuidores de vacunas de urgencia de posibles pleitos por lesiones excepto en los casos de "mala conducta voluntaria", un término que en todo caso será definido por las propias autoridades gubernamentales.

Si la ley de Burr y la de Bush llegan a término tal y como pretenden sus impulsores las cargas económicas necesarias para asegurar que las vacunas asignadas son seguras podrán quedar reducidas y los americanos se enfrentarán a un futuro en el que el Gobierno podrá obligarles a que tomen drogas experimentales poco reguladas y vacunas presentadas como "contramedidas" sin poder tan siquiera ejercer sus derechos ante la Justicia en caso de lesión o muerte. Se habrá concretado "el sueño de cualquier accionista de una compañía farmacéutica y la peor pesadilla de un consumidor", tal como definió a la ley Burr la portavoz del National Vaccine Information Center, Bárbara Loe Fisher.

Una razón más que podría ayudar a entender mejor a los lectores el contexto de las decisiones de George Bush: desde 1998 los políticos más beneficiados por las aportaciones de las multinacionales farmacéuticas han sido los republicanos, con George W. Bush a la cabeza, que ingresó -según un informe del Centro para la Integridad Pública de Estados Unidos- 668.339 euros procedentes de ellas, la mayor parte en donaciones individuales. En cuanto a los demócratas destaca el senador y candidato a la presidencia John Kerry con 255.379 euros. El informe revela además que la industria farmacéutica gastó durante el año 2004 más de 107 millones de euros en tratar de condicionar las decisiones del Gobierno a través de lobbys (grupos de presión). En los últimos siete años la industria farmacéutica -según datos del mencionado Centro para la Integridad- ha invertido en total ¡más de 670 millones de euros! en actividades encaminadas a presionar al Gobierno y en donaciones para campañas electorales a nivel federal y estatal. Y supone el mayor gasto realizado jamás desde un sector industrial para tratar de influir sobre las decisiones del ejecutivo estadounidense.

LOS VIRUS TAMBIÉN SON ARMAS
El número de coincidencias en torno a la gripe aviaria es, en suma, inexplicable. ¿O no lo es acaso también que justo en plena expansión de la gripe aviaria -con amenaza de pandemia incluida- se de a conocer a la opinión pública que un equipo de investigadores ha logrado reconstruir el mortífero virus de la gripe española en un laboratorio de alta seguridad en un intento de tratar de conocer los secretos de la virulencia de la gripe de 1918? Imprescindible "avance" -se nos dice- si se quiere tener una vacuna. Aunque lo que menos tranquiliza de la noticia es que junto a entidades como el Instituto Médico Monte Sinaí o el Centro estadounidense para el Control de Enfermedades aparezca el Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas uno de cuyos responsables, Jefferey Taubenberger, fue el encargado en octubre pasado de anunciar al mundo que la gripe de 1918 se había iniciado en las aves. Y es que resulta preocupante saber que desde la década de los 50 del pasado siglo XX, en que el Ejército de los Estados Unidos promovió una expedición a Nome (Alaska) para tratar de recuperar el virus de cadáveres enterrados bajo la nieve, los militares están detrás de descubrir los secretos de su virulencia. Entonces los restos no se encontraron lo suficientemente congelados y ha habido que esperar hasta el pasado año para recrear la secuencia completa del virus. ¡Qué suerte! ¡Justo ahora!
Claro que además de estas investigaciones hay decenas de laboratorios en todo el mundo manipulando el virus de la gripe en busca de vacunas. Pero, ¿contra qué virus mutado? No se sabe. En la Universidad de Wisconsin, por ejemplo, un grupo de investigadores dirigido por Yoshihiro Kawaoka -director del proyecto de investigación- ha averiguado cómo manipular genéticamente un tipo de virus de la gripe común que no es muy virulento para convertirlo en un virus agresivo añadiendo sólo dos genes del devastador agente infeccioso de la llamada gripe española. Y se trata sólo de una de las muchas investigaciones que se están realizando al respecto. La diferencia es que ésta, al menos, es pública.

En definitiva, la gripe aviaria podría estar siendo utilizada como perfecta coartada para realizar investigaciones que atendiendo al convenio internacional de 1969 contra la proliferación de armas biológicas no resultarían muy presentables. La creación de variaciones artificiales sobre el virus H5N1 u otros virus de la gripe o sobre otros agentes biológicos con la justificación de ataques bioterroristas o epidemias podría acabar desembocando en la creación de virus artificiales mucho peores que cualquier mutación de la naturaleza o de virus nuevos... Eso sí, con vacunas y fabricantes incluidos. Así que por el mismo precio tendríamos virus... y vacuna.
¿Qué guía la voluntad del actual Gobierno norteamericano, locomotora científico-económica-militar de Occidente? ¿La preocupación por nuestra salud, sus propios intereses privados o más bien oscuros intereses estratégicos fruto de una particular visión mesiánica del mundo?
Por si acaso no estará de más terminar recordando una cita de Benjamín Disraeli, Ministro de Finanzas de la Reina Victoria de Inglaterra: "El mundo está gobernado por personajes que no pueden ni imaginar aquellos cuyos ojos no penetran entre los bastidores".
Antonio F. Muro



El Tamiflu se extrae del anís estrellado
El Tamiflu se extrae del anís estrellado El principal componente del Tamiflu es el anís estrellado o badiana -fruto de un pequeño árbol conocido como Illicium verum Hook- y en él se encuentra una notable cantidad de aceite esencial rico en anetol, felandreno y limoneno, aldehídos y cetonas, cineol y algo de safrol. Composición que determina su acción carminativa, eupéptica, espasmolítica y antidiarreica. De hecho es lo primero que se suele dar en muchos lugares a los niños recién nacidos en cuanto empiezan con problemas digestivos ya que logra aplacar los gases. También se indica en las personas mayores que sufren gastroenteritis, meteorismo, espasmos gastrointestinales, catarros y bronquitis. Según el fabricante el Tamiflu contiene también fosfato de oseltamivir, una sustancia que en el organismo se convierte en oseltamivir, droga activa que tiene la facultad de inhibir las neuraminidasas, unas enzimas de los virus de la gripe constituidas por glucoproteínas. La actividad neuraminidásica es esencial para que las partículas víricas recién formadas abandonen las células infectadas y prosigan la diseminación infecciosa por el organismo siendo precisamente eso lo que según el fabricante impide el oseltamivir activo. Además de bloquear el crecimiento de los virus gripales inhibiendo su replicación y patogenicidad.
Ahora bien, en dosis elevadas puede resultar tóxica. De hecho entre los efectos secundarios conocidos y reseñados en muchos libros se dice que el anís estrellado puede producir delirios, anestesia y convulsiones. De hecho la FDA comunicó hace escasas semanas que ha detectado en 32 casos delirios, alucinaciones, encefalitis y convulsiones. También la Agencia Europea del Medicamento (EMEA) solicitó el 16 de noviembre pasado a la multinacional Roche que revise sus datos sobre la seguridad del Tamiflu tras haber registrado problemas psiquiátricos en pacientes que tomaban el fármaco e, incluso, dos casos de presuntos suicidios: un joven de 17 años en febrero de 2004 y un niño de 14 en febrero del 2005. En ambos casos los adolescentes manifestaron antes del fatal desenlace un comportamiento anormal. Ya en noviembre del 2001 nuestro Ministerio de Sanidad y Consumo prohibió la venta y distribución de anís estrellado en España al sospechar que su ingesta podía haber provocado efectos adversos en 20 lactantes.
Dicho lo cual hay que añadir que el Tamiflu sólo sirve para aliviar síntomas, no está demostrado que prevenga siquiera el contagio de la gripe común y la posibilidad de que pudiera ser eficaz contra una mutación del famoso virus de la gripe aviaria H5N1 que se contagiara entre humanos es puramente especulativa. Hoy por hoy adquirir Tamiflu es un completo sinsentido.

Publicar un comentario

0 Comentarios