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La fuerza del chavismo




1. Es de noche en los valles de Carabobo, a unas seis horas de Caracas hacia el occidente. Lo que está a punto de suceder es una primicia poco conocida: el largometraje Juntera está por ser estrenado ante sus protagonistas, los primeros en verlo. 250 sillas están puestas en fila ante un escenario donde se baila, zapatea y canta joropo. De pie y con sombrero ancho campesino habla José Retaco, militante de la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora, vocero de la Comuna Negro Primero, anfitriona del evento. “En las comunas está el nacimiento del socialismo”, dice. Es 20 de octubre, se cumplen tres años de la consigna final de Hugo Chávez: comuna o nada.

Las imágenes de la película son las de la construcción diaria de varias comunas en Venezuela: asambleas en los parlamentos, elección de vocerías, trabajo voluntario, construcción de viviendas, producción agrícola, debates sobre leyes, guerra económica, lo que está por venir. Un pueblo protagonista que aprende a gobernarse: la trama de la película, de la revolución.

Negro Primero -héroe de la batalla de Carabobo durante la guerra de independencia- está conformada por 42 consejos comunales, sobre un territorio de 39 mil hectáreas habitado por 9.685 habitantes. Allí siembran, producen, organizan junto a centenares de comunas mercados a cielo abierto, como acordaron directamente con Nicolás Maduro en una reunión de consejo presidencial de gobierno popular: la instancia en la cual el Presidente debate, cogobierna con el movimiento comunero. En la comuna tienen el estómago y las rodillas enteras, consiguen día a día construir la fórmula del poder necesario: razón y fuerza.

Enfrentan la guerra desatada que recrudece. Pocas semanas atrás detectaron varios paramilitares instalados en una finca sobre su territorio. El enfrentamiento, encabezado por la Operación de Liberación del Pueblo, dejó a los infiltrados muertos.

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En Venezuela existen miles de paramilitares desplegados. Ocupan espacios, cobran peajes, extorsionan, descuartizan, aplican, con paciencia, el saber del horror aprendido por décadas en Colombia. Le disputan al chavismo el territorio, cuadra a cuadra, sector por sector, ocupando edificios entregados por el Gobierno, armando a jóvenes, dejando células dormidas que activan paulatinamente, realizando ataques con granada a sedes de organismos policiales. Se trata de caotizar desde dentro, hacer del cotidiano un escenario de desgaste para millones.

2. Es domingo de fin de octubre por la mañana. En las calles de Caracas hay colas, esas que comienzan al alba, a la espera de que abran supermercados, Pdvales, Abastos Bicentenarios. Los debates son con grandes gestos y voces, palabras certeras de rabia, paciencia y elecciones. También las hay confundidas, de identidades desdobladas -“yo soy chavista, pero con Maduro no”. Esa escena es de todos los días. Lleva más de dos años.

Cerca de allí, en el barrio Piache de la costa de Catia La Mar, las cosas comienzan de otra manera. En ese sitio, que todavía guarda marcas de las sucesivas lluvias, funciona una Base de Misiones, un espacio que reúne casi todas las Misiones Sociales de la revolución. Concentrar el poder de fuego, fue la consigna para dar inicio a ese plan de combate a lo último de extrema pobreza. La jornada organizada lleva como consigna “la cultura es el barrio”: pintada de mural, almuerzo colectivo, juegos con los jóvenes, recuperación de un espacio tomado por la basura. Se encuentra parte de la comunidad -siempre existe un sector apático-, un ministro que se suma al trabajo voluntario, y muchos niños y jóvenes, como en todos los barrios de Venezuela.

Mientras la jornada se desarrolla se realizan las elecciones para renovar las nuevas vocerías del consejo comunal, que, la semana siguiente, se integrará a la Comuna Nicolás Maduro. “La pelea es peleando, la comuna es fuerza”, dice una vocera que pasa entre tarea y tarea. En la comuna también organizan mercados semanales, trabajan junto a las bodegas patrióticas. “Estamos luchando contra esa oposición que ha creado una guerra económica para golpear al pueblo en el estómago, se desmoralice la gente y crea que el Gobierno tiene la culpa”.

Esa comuna nació silvestre, sin movimiento popular que la acompañara, guiada por los Aló Presidente, las líneas de la revolución transmitidas desde la televisión por el comandante Chávez. Es, como tantos espacios de organización popular en Venezuela, el resultado de años de experiencias de trabajo barrial, de conformación de órganos de poder popular con diferentes horizontes. El comunal es sin duda el más avanzado: construir el Estado comunal, deconstruir el burgués. Se aprende con intuición, lectura de leyes, cursos de formación, haciendo frente a tres dificultades: la ofensiva golpista, la burocracia chavista, la propia inexperiencia.

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Al día siguiente una señora y su hija están perdidas en el centro de la ciudad. Vienen de un caserío humilde situado a unas dos horas de Caracas. La madre acaba de regresar de Cuba, donde estuvo en La Habana y en Varadero. “Vendí ropa y raspé la tarjeta” dice. Volvió con dólares que venderá a más de 700 bolívares en el mercado paralelo. El precio de compra fue de 13 bolívares. Asegura que ya no se puede estar en el país, que de esta manera no, que antes las cosas eran diferentes, ¿cuándo así? Al preguntarle si conoce a gente con hambre, contesta que no. Y si todo se encuentra tan mal, ¿cómo pudo irse de viaje? Sus palabras podrían ser dichas por muchos. La guerra comunicacional arrastra, así como pilares duros de la cultura petrolera, del consumismo confundido con la democratización del consumo que permitió la revolución. La insatisfacción está ligada al deseo. ¿Quién establece esos deseos? Dice que el año próximo irá a Argentina, se ríe. No elegirá a la oposición el 6 de diciembre. No sabe si va a votar.

3. ¿Cómo leer la actual realidad venezolana, que tendrá elecciones legislativas el 6 de diciembre? La guerra económica y psicológica erosiona, ese es su objetivo. Hablar de un pueblo despolitizándose resulta en cambio arriesgado, demasiado 2.0. Conocer Venezuela, aproximarse a algunas de sus verdades, demanda salir de las redes, caminar las comunas, los mercados a cielo abierto, lo que sucede en los sectores populares, donde nació y continúa estando la fuerza del chavismo. Porque ese movimiento se hizo, y allí se mantiene, en lo hondo de lo más postergado de un país petrolero, de la arquitectura apilada sobre los cerros, las tierras secas mientras miles de avionetas privadas iban de compras a Miami. El chavismo -retomando a John William Cooke- es el nombre político del pueblo venezolano.

Allí la capacidad de resistir las colas, enfrentar la guerra mediática, de desesperación, violencia y fronteras. Por eso, aún con cansancio y enojo, nadie ha prendido fuego las calles, impulsado saqueos, algo que, de ser deseado por este pueblo -no las clases altas o células paramilitares- sería hecho. Entonces una señora viaja a Cuba, otra es chavista aun sintiendo distancia con la conducción actual, y quien no sabe si acudir el 6 de diciembre no piensa en otorgarle su voto a la derecha, los ricos, sino en castigar -con abstención- a quienes no parecen hacer todo lo que podrían hacer. La identidad es profunda, la experiencia del ejercicio y construcción de libertad de millones está arraigada a estos últimos 16 años.

Esa es la revolución, la capacidad de resistir, hacer comunas, así como las tensiones permanentes. “Todos los procesos de empoderamiento del pueblo en el marco de la revolución bolivariana tienen mucha resistencia de los compañeros que ocupan espacios institucionales”, dice Duiliam Virigay, dirigente de la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora, un movimiento popular que acompaña 450 de las 1300 comunas registradas. La unidad del chavismo es también la negociación de las diferentes concepciones, de ceder o no poder al proceso comunal, popular, de pensar en acuerdos inestables con la burguesía o de radicalizar hacia el socialismo. Hugo Chávez apostó a la segunda, comuna o nada marcó su final de juego directo. El equilibrio actual es más complejo que nunca, romperse sería una derrota.

El 6 de diciembre será difícil. La realidad comunal, barrial, campesina, indica que las tareas que deben hacerse están siendo llevadas adelante. En esos territorios ganará la revolución. Una victoria permitirá sostener la actual correlación de fuerzas. Lo contrario: entrar en un escenario que tiene, desea la derecha, una intención de convertirse en guerra civil. Ellos están preparados, siempre con el grito de fraude organizado. El chavismo también: se trata de una revolución pacífica, no desarmada. Nunca se ha estado tan cerca de la vida en comunas como de la revancha burguesa. En la primera está la posibilidad del socialismo así como una de las maneras centrales de enfrentar lo que pueda venir. La realidad está allí, con las puertas abiertas.

via -contrahegemoniaweb

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