¿Qué implica la aprobación del acuerdo por parte del gobierno griego?



El acuerdo que se alcanzó el lunes por la mañana en la cumbre de los primeros mandatarios de la Unión Europea aún no es una realidad. La contra-propuesta formulada principalmente por el gobierno alemán todavía debe superar instancias que no serán para nada formales.
El lugar en dónde más trabas puede encontrar aún el principio de acuerdo es el parlamento griego. Para que sea aprobado son necesarios 151 votos. Las fuerzas conservadoras, liberales y socialdemócratas juntan 106 votos a favor. El Partido Comunista, Amanecer Dorado y ANEL votarán en contra. Alcanzará con que 45 de los 149 diputados de Syriza apoyen el acuerdo. Además, para que el tercer plan de rescate se empiece a implementar, se exige que Grecia efectivice inmediatamente una serie de medidas.

Este martes se reúne el grupo parlamentario de Syriza. Ahí se dará una dura batalla entre los que defenderán la posición asumida por Alexis Tsipras y quienes consideran que se trata de una claudicación. En principio, los referentes de Syriza que se opondrán a la propuesta de Tsipras serán el ministro de Energía, Panagiotis Lafazanis, y la presidenta del parlamento, Zoe Kostantopoulou. También lo hará la “Plataforma de Izquierda” de la bancada parlamentaria de Syriza.

Además, el acuerdo se debe aprobar en los parlamentos de Alemania, Finlandia, Holanda, Austria y posiblemente en otros países de Europa.

Una claudicación sobre las cenizas de Grecia

El histórico héroe de la izquierda griega Manolis Glezos, que resistió a las torturas del fascismo italiano y alemán durante la II Guerra Mundial, que sobrevivió a la condena de muerte de gobiernos de derecha en la pos-guerra, que se tuvo que exiliar durante la dictadura de los coroneles, que en el 2012 con 90 años de edad encabezó las movilizaciones en contra de las medidas de austeridad, que en el 2014 fue elegido eurodiputado por Syriza y que hace pocos días dejó su banca en el europarlamento, con toda lucidez fue quien mejor explicó la situación. “La fumata blanca del acuerdo sale de las cenizas de Grecia”.

Quien aprovechó el día lunes para sacar a la luz las razones de su salida del Gobierno y brindó otras claves para entender la situación fue el ex-ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis. En una entrevista publicada en la revista NewStatesman, declaró que se siente aliviado por haber dejado su cargo porque no quería seguir manteniendo una posición negociadora cada vez más difícil de defender.

Varoufakis también explicó que en la noche del triunfo del “No” en el referéndum había presentado una estrategia de negociación que no fue aceptada por Tsipras. El ex-ministro consideraba que había que asumir una posición ofensiva -que vaya a fondo- pero que no supere los límites de no retorno. Como no hubo coincidencias, se retiró.

Evidentemente la política de negociación del gobierno griego fue ir con una propuesta que partía aceptando relativamente casi todas las exigencias del Eurogrupo. Si luego de ganar en el referéndum el gobierno griego asumió una posición conservadora, la contra-propuesta que terminó aceptando Tsipras tiene un carácter mucho más regresivo que aquélla que había sido rechazada en el referéndum.

Se trata explícitamente de un acuerdo que implica aún más políticas de austeridad y que no menciona ninguna reestructuración de la deuda. Pero, lo peor de todo, es que esto hace tiempo que ya no se trata de números y consiste llanamente en una verdadera humillación política al gobierno griego.

A pesar de las diferencias, Varoufakis declaró que si bien él no apoya un mal acuerdo puede entender a Tsipras “que siente que tiene la obligación hacia la gente que le apoya, que nos apoya, de no dejar que esta país se convierta en un Estado fallido”.

Se busca destruir a la democracia

#Thisisacoup fue el hashtag en twitter que se impuso en Europa a partir de que se dio a conocer el acuerdo. Y hasta el premio Nobel de Economía, Paul Krugman, apoyó esta tendencia y destacó en una nota que “el proyecto europeo (un proyecto que siembre he alabado y apoyado) simplemente ha sufrido un golpe terrible, tal vez fatal”.

“Democracy is dead” (“la democracia está muerta”) es otra de las frases que más circularon en la red social. “El golpe de Estado de 1967 se dio utilizando las armas, el de ayer utilizando los bancos”, declaró también Varoufakis.

El pueblo griego en enero decidió terminar con el status quo neoliberal dirigido por los gobiernos conservadores y socialdemocratas. Hace una semana también venció a la propuesta de austeridad del Eurogrupo padeciendo un terrible ataque de terrorismo financiero y mediático.

No sólo se trató de un ejemplo para el mundo entero, sino que se lograron cosas concretas. La oposición conservadora quedó absolutamente derrotada. La semana pasada hasta el FMI y el gobierno norteamericano tuvieron que reconocer la necesidad de reestructurar la deuda griega.

Incluso, este mismo lunes el Papa Francisco en su vuelta de América Latina al continente europeo se posicionó a favor del gobierno heleno. La máxima autoridad del Vaticano declaró: “El nuevo Gobierno griego ha entrado en una revisión un poco justa, ¿no? espero que se encuentre un camino para resolver el problema y también un camino de vigilancia para que otros países no caigan en el mismo problema”.

La confederación de sindicatos del sector público de Grecia (ADEDY) y la asociación de farmacéuticos ya convocaron a una huelga de 24 horas que se llevará adelante el día miércoles cuando el parlamento heleno tenga que votar. Este lunes hubo una movilización poco numerosa en la Plaza Syntagma, pero la capacidad de convocatoria del pueblo griego que se oponga a esta claudicación será decisiva.

Si bien podrá haber nuevas elecciones y Tsipras continuar en el gobierno con el apoyo de una parte importante de la población, una claudicación implicará una gran derrota al poder de los pueblos en la capacidad de decidir sobre el futuro de Europa en contra de la Troika. La diferencia será que esta vez la desmoralización tendrá como responsables a quienes supieron crear la expectativa -como ningún otro gobierno lo había hecho- de que terminar con el orden neoliberal era posible.

En este caso, quienes tuvieron la capacidad de demostrar que Grecia era el “eslabón más débil” del neoliberalismo en Europa y que podía hacer estallar por los aires el orden conservador, terminarán siendo el mejor objeto de la propaganda conservadora. Ojalá no pase.

via -teleSUR

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