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Venezuela

Hoy vengo a hablarles de Venezuela, el país de moda. Con permiso de Suiza y otros paraísos fiscales, por supuesto. Y es que Venezuela se ha convertido en el epicentro de la cartografía del terror: ¡el pasado sábado por la mañana la Puerta del Sol parecía Caracas! Venezuela es la coletilla del tertuliano, el enredo del pícaro, el comodín del fullero, el recurso final del bipartidismo. El miedo último. El antídoto al cambio. Cuando se acaban los argumentos, cuando ya no hay razones, cuando se desenmascara un sistema corrupto, surge Venezuela. El país caribeño y amazónico es premisa y conclusión, y lo es tanto en la sede putrefacta de Génova como en la inmaculada de Ferraz, tanto en Intereconomía como en La Sexta, tanto en la barra del bar como en el despacho del abogado. Venezuela es la palabra fetén, la que marca distancias, la que impone método, la que cierra la conversación. Por eso está en boca del consejero de Gas Natural, del diseñador de campañas, del director de La Razón, del que escribe el mitin de Rajoy y hasta del inocente imputado. Venezuela es la última frontera, el territorio inexplorado, el fin del mundo civilizado. ¿Votar a Podemos? Hic sunt dracones.

Los vientos de cambio llegan del otro lado del Atlántico. Por la izquierda, para que usted me entienda. Venezuela es el futuro de este país, no lo dude, si pierde la casta, si se acaba el duopolio, si no repiten los de siempre. Insistir en esta teoría apocalíptica, instalada ya en casa del facha de manual y del progre de salón, es una prueba irrefutable de que hay más canguelo que argumentos. Se acabaron fandangos y sardanas, el coletas solo baila merengues y calipsos. Despídase de la fabada y los callos, Errejón se alimenta de arepas y hallacas. ¿Y sabe usted por qué Monedero tiene cara de estreñido? Porque se limpia el culo con periódicos: es bien conocido que en Venezuela no tienen ni para papel higiénico.

¿Eso quiere usted para sus hijos? ¿Merengue, arepas y almorranas? Vote a los mismos gobernantes de siempre, que son garantía de estabilidad, continuidad y futuro. Un futuro de mierda para usted, y de lujo para ellos, que siempre será mejor que la realidad venezolana. ¿Cree acaso que algún ciudadano de bien puede votar a esos profesores universitarios perroflautas financiados por Chávez? Vote a los políticos financiados por Filesa y Gürtel, que prometen haber cambiado, que dicen haber visto la luz, que aseguran haberse convertido en garantía de calidad democrática y buenas intenciones: El PP y el PSOE han recogido en sus enmiendas al Código Penal el delito de financiación ilegal de los partidos tras los últimos escándalos de corrupción que han salido a la luz, pero han limitado la responsabilidad penal a las personas individuales que reciben donaciones ilegales, dejando sin castigo a las formaciones políticas que se han beneficiado de las mismas.

Venezuela es un país terrible, una dictadura atroz, un nido de politicuchos bolivarianos. Esta claro ¿No? Por eso España necesita parecerse a otro tipo de países, a esas democracias consolidadas y ejemplares con las que desde hace años hacen negocios nuestros líderes: Guinea Ecuatorial, Marruecos, China, Arabia Saudí… Si usted necesita aire frasco, si está pensando en un nuevo orden, recuerde que Grecia ya es Venezuela: ¿Falta de productos básicos? No. ¿Sangre y anarquía en las calles? Tampoco. Syriza gobernando y Bruselas planteándose la disolución de la troika de acreedores (el Ejecutivo de la UE, el FMI y el Banco Central Europeo).

Para combatir la ilusión y la esperanza, para neutralizar el cambio de ciclo, para mantener los privilegios, para evitar un nuevo espacio político, han creado una palabra mágica: Venezuela. Es solo miedo. Anuncia un tiempo nuevo.

via cuartopoder

 

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