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Venezuela. Golpe a golpe

La mañana del jueves 12 de febrero transitaba por Plaza Bolívar cuando el titular de un diario me llamó la atención. El diario era “Tal Cual” y el titular, escrito en letra catástrofe, decía: “Dirigentes de la MUD Leopoldo López Corina Machado y Antonio Ledesma convocan a un Gran Acuerdo Nacional para gobernar la transición”.

La primera impresión que me causó ese titular era que a lo mejor había sucedido algo en el país, que yo no me había enterado. Porque si se estaban discutiendo cómo se gobernaba la transición era porque ya no estaba más el presidente Maduro. Suelo ser un poco distraído, así que me preocupé por volver a la realidad. Leí los titulares de otros diarios y nadie decía algo parecido.

Volviendo a leer el titular advertí que ni siquiera era la MUD la que anunciaba ese propósito tan descabellado, sino un sector de esa coalición de oposición. Precisamente el sector que ha estado directamente involucrado en todos los intentos golpistas. Me alejé pensando en qué estarían tramando esos personajes.

Esa misma tarde el propio presidente Maduro denunciaba que se había derrotado un complot golpista, que había un general de Brigada de la aviación y varios oficiales implicados, algunos ya detenidos.

Se supo también que los golpistas pensaban difundir un documento en cuyo encabezamiento figuraba “Acuerdo Nacional para la transición”. Esta extraña coincidencia me hizo reflexionar que el diario 'Tal Cual' y los dirigentes de la MUD López, Machado y Ledesma tienen poderes extrasensoriales que le permiten anticipar el futuro, o estaban metidos hasta el cuello en la conspiración golpista.

Aquello de que la historia se repite como farsa parece tener plena vigencia en Venezuela.

No faltarán los derechistas que recordarán con nostalgia la masiva movilización opositora que acompañó al golpe del 11 de abril de 2002. Como comentan los propios chavistas, “eran muchísimos”.

La movilización que precedió a este nuevo intento de golpe de Estado no reunió a más de cuatrocientas personas. Y ni siquiera pudieron alegar que eran pocos pero buenos. Fueron pocos y violentos, al punto que terminaron agrediendo a un periodista del periódico 'La Patilla', que nadie calificaría como oficialista.

Los oficiales de la Aviación involucrados en el golpe demostraron escaso profesionalismo para la conspiración. Al punto que cuando se juntaron para grabar el video para difundir la proclama, estaban siendo grabados ellos mismos por organismos de seguridad del gobierno.

Es de suponer la preocupación de los estrategas golpistas de EEUU, que deben afrontar esos bochornos y encima los dejan pegados en la chambonada.

Ahora tendrán que explicar porqué los golpistas habían conseguido visas para residir en EEUU con un procedimiento express, que seguramente envidiaran muchos escuálidos que quieren radicarse en el país de Norte.

También en esto de las visas express la historia se repite como farsa. En la década del 90 existían las visas de “balsero”, para todos aquellos que huyeran de la “dictadura cubana”. Ahora se promoverían las visas de “bombardero”, para todos aquellos que se monten en un avión y le echen bombas a algún edificio o alto funcionario de la “dictadura venezolana”.

 No deberían consolarnos, sin embargo, las desventuras golpistas de nuestros enemigos. Ni tampoco debemos caer en el error de subestimarlos, porque algunas cosas las hacen bien.

Entre tanta bulla ha pasado desapercibido un dato que debería preocuparnos. El Banco Central de Venezuela ha informado que la inflación durante 2014 fue de 68.5%.

Si a ese dato lo cruzamos con la información de que el gobierno ha continuado congelando los precios de la gasolina a valores ridículos, que no ha subido las tasa por electricidad y que en el país se producen no menos del 70% de los alimentos que se consumen, la hazaña de la burguesía opositora de impulsar hacia arriba los precios internos ha sido mayúscula.

Los items que aportan a la inflación no son solo los alimentos, pero quiero detenerme en ese tema porque es el que más golpea los bolsillos de los más pobres. Repasemos los números: El país importa el 39% del maíz, alrededor del 45% de la leche, el 45% del aceite y el 26 % de los pollos que consume.

Todo lo que importa lo hace con dólares regulados a 6,30 bolívares, que entrega a los importadores públicos o privados. A lo largo de 2014 el precio del dólar para alimentos se mantuvo estable.

El país produce el 100 % de papa, pimentón, cebolla, yuca, auyama, cilantro, perejil, plátano, cambur, limón, parchita, guayaba, lechosa, aguacate y otras verduras y frutas.

¿Cómo hicieron para que productos que son importados para ser vendidos a precio regulado sean comercializados a cuatro veces su valor? ¿Cómo hicieron para que alimentos que producen los campesinos lleguen a los mercados a cuatro veces o mas que el precio pagado en el campo?

Toda la eficacia que ha demostrado el gobierno para desbaratar planes golpistas parece diluirse cuando hay que enfrentar la guerra económica. Y no se trata de ignorar que se ha golpeado duro al contrabando o que se ha castigado a un buen número de especuladores. Se trata de admitir que a pesar de todos esos esfuerzos, la burguesía consiguió subir artificialmente los precios a cifras muy elevadas.

Haciendo un análisis mas fino sería conveniente reconocer que si es un objetivo de la soberanía alimentaria que el país produzca todos los alimentos que consume, el hecho de que haya que importar algunos no necesariamente significa un descalabro financiero. China, por ejemplo, es un gran importador de alimentos y no padece estos problemas.

La idea de que producir en el país es mejor que importar, me parece que debe ser revisada. Porque no considera quién es el que produce y qué es lo que produce. Y no considera tampoco que Venezuela no sea un país “normal”.

Venezuela es un país donde se desarrolla una revolución que ha vivido siempre acechada, y donde cada dólar que se le da a la burguesía será utilizada para desestabilizar el gobierno.

Grandes productores agropecuarios han venido reclamando y recibiendo dólares baratos que más que resolver el abastecimiento popular, le han permitido disponer de volúmenes de producción con los que pueden acaparar o aumentar su nivel de chantaje contra el gobierno.

En el caso de la industria, el caso paradigmático es la Polar: ha recibido dólares baratos con la excusa de producir alimentos básicos y los dirige a productos más sofisticados que eluden las regulaciones.

Debería decirse que “mejor que importar es que las comunas y los pequeños campesinos produzcan en el país”. Seguramente habrá excepciones y habrá que considerar transiciones, pero me parece conveniente precisar cuales son las excepciones y cuales son los plazos de las transiciones.

Otra idea que me parece que debe ser revisada es que la mejor forma de bajar los precios agrícolas es darle plata a las Comunas y los pequeños campesinos para que puedan sembrar. Sucede habitualmente que las Comunas y los pequeños campesinos producen y venden a veinte las mismas verduras, frutas y pollos que las redes e intermediarios venden a cien. De esa forma los créditos a los campesinos van a parar a los bolsillos de los intermediarios y el pueblo consumidor sigue pagando precios exorbitantes.

Lo que necesitan los campesinos es que se les pague un buen precio por su producción y al contado, a “culata de camión”, porque no tienen espaldas financieras. Ese es el problema que le cuesta resolver los campesinos. Sembrar lo han hecho desde generaciones y siempre se la han rebuscado para conseguir semillas y los insumos necesarios. Prueba de ello es que han sembrado en los últimos años sin los insumos que teóricamente les tendría que haber provisto AgroPatria.

La única forma de controlar las redes de intermediarios es que los acopios y las cavas de frío sean de propiedad estatal y administración comunal. Y que se cumpla el sueño del Comandante Chávez de construir una gran red ferroviaria de propiedad estatal, que seguramente sería más eficiente si fuera controlada por sus trabajadores.

Con respecto al negocio de la importación, no hay posibilidades de controlar adonde van los dólares si no hay una estatización del Comercio Exterior. Esto no es una medida socialista, la concretaron Perón y muchos burgueses progresistas.

Con respecto a como manejar la producción y comercialización de productos agropecuarios es muy aleccionadora la experiencia realizada en los últimos años por el gobierno cubano con las cooperativas de pequeños productores. El gobierno dejó de controlar la comercialización de todos los productos agropecuarios para ocuparse solamente de algunos que fueron priorizados por ser alimentos básicos, como la leche, los huevos y la caraota; o por ser productos de exportación como el tabaco.

Partiendo desde una situación inversa corresponde al gobierno venezolano hacer una lista de alimentos básicos y garantizar su producción y comercialización, controlando las importaciones y manejando la producción y comercialización en asociación con las comunas y cooperativas de pequeños productores agropecuarios.

Los frecuentes aumentos a los salarios de los trabajadores intentan compensar las subas de precios, pero con esas cifras no siempre se consigue la meta de que los aumentos salariales superen a la inflacion.

Ayer escuche decir a un trabajador con mucha pena que “a Maduro no le dieron el golpe, pero nos lo dieron a nosotros, a nuestros bolsillos”. No son dos golpes diferentes, es el mismo. Quizás la clave sea que con buenos servicios de inteligencia se puedan desbaratar una a una las intentonas golpistas, pero para derrotar la Guerra económica no basta con armar una buena red popular de inspectores. El protagonismo popular debe exceder el papel de mero denunciante, de su colaboración para que el viejo Estado castigue a los especuladores con el mazo de la ley.

Esta Guerra se gana solo con protagonismo popular en la producción, comercialización y control de todo aquello que no es indispensable para vivir, en la creatividad popular para pergeñar estrategias que permitan aislar y castigar social y económicamente a los especuladores de la misma forma que se hizo con los guarimberos, en el desarrollo de una comunicación popular que aporte a convertir la arrechera individual en propuesta colectiva y al desánimo en una clara identificación de los responsables de nuestras dificultades.

via - lahaine

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