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Reflexiones sobre Podemos y la Marcha del Cambio

El 31 de enero una gran manifestación recorrió las calles de Madrid convocada por Podemos. Los cálculos, como siempre, son muy divergentes, entre los 300 mil que dieron los organizadores, los 100 mil que señaló la policía, o los 153 mil que calculó el diario El País. En cualquier caso no cabe la menor duda que se trató de una gran manifestación que puede compararse a otras convocadas por el 15M, las Marchas de la Dignidad, o las huelgas generales.

La diferencia entre ésta y las otras radica en que los convocantes fueron los dirigentes de un partido político con un año de vida: Podemos. El éxito de dicha movilización nos llenó de alegría no solo a las gentes que participamos activamente en los círculos de Podemos, sino a muchas otras personas que aspiran a un cambio político que acabe con los años de hegemonía neoliberal y gobiernos al servicio de las clases dominantes.

Intentaremos en este artículo analizar no solo las razones del éxito de la movilización del 31 de enero, sino además aquellas cuestiones que consideramos como menos positivas o, incluso, motivos para la preocupación.

Esta Marcha se celebra en un nuevo contexto político y social.

Después de años de movilizaciones en las calles, huelgas, mareas,... el ciclo social abierto por el movimiento 15M ha ido dejando paso a un nuevo período donde lo que predomina no es la movilización social, sino las expectativas políticas para echar a los partidos del régimen de las instituciones (parlamento, ayuntamientos, gobiernos autonómicos...).

Podríamos decir que el ciclo de luchas sociales se agota con las Marchas de la Dignidad, que culminaron en la Plaza de Colón de Madrid; y que el nuevo ciclo se abre con el nacimiento de Podemos, que lleva a una “revolución” en las superestructuras políticas provocando -directa e indirectamente- profundos cambios: el estallido de IU, las convulsiones dentro del PSOE y el surgimiento de nuevas formaciones o alianzas políticas de cara a las elecciones municipales de mayo de 2015.

Podemos y el 15M.

Los dirigentes de Podemos eligieron una “puesta de largo” de la nueva formación política en la Puerta del Sol de Madrid. No es por casualidad. Esa misma plaza abarrotada hace tres años por el 15M y ahora por Podemos invita no solo a las comparaciones, sino a postularse como los herederos legítimos del mayor movimiento socio-político nacido después del franquismo.

Algunos analistas señalan que Podemos es “el salto a la política” que no se atrevió a dar el 15M. Pienso que es un error. En mi opinión, se trata de dos sujetos políticos distintos nacidos en una misma época.

El 15M fue un movimiento de impugnación al sistema político y económico en una fase muy embrionaria y con expresiones políticas demasiado genéricas. Mientras que Podemos es un nuevo sujeto, nacido de la larga onda del 15M, pero diseñado para la conquista de las instituciones y el ejercicio del poder político dentro del sistema. Al menos así lo están dejando claro su dirección tras la Asamblea Ciudadana Constituyente o la aparición de nuevas propuestas programáticas después de las elecciones europeas.

La Marcha del 31 expresó la dualidad de ambos sujetos en su misma composición social. Mientras que el 15M congregó en un principio una gran cantidad de gente muy joven con lemas que hacían referencia a cambios sistémicos, humanos o globales, Podemos ha convocado a un sector de composición social más “plebeya” y más heterogénea en lo generacional (donde se mezclaban mayores y jóvenes), así como también una parte de vieja izquierda, y, una asistencia mayoritaria de clases populares y trabajadoras.

Un éxito rotundo a pesar de un grave error

La masividad del 31 de enero no nos debería llevar a obviar aquellos aspectos que consideramos mejorables. Tal fue el caso de la decisión de convocar de forma unilateral, sin consultar a las bases y alimentando las especulaciones sobre la voluntad de Podemos de monopolizar la alternativa al poder político actual.

He leído que no pocos entusiastas atribuyen el éxito a la genialidad estratégica de Pablo Iglesias e Iñigo Errejón. No puedo estar más en desacuerdo. Independientemente de su inteligencia política, la experiencia de las Mareas, el 15M o las Marchas de la Dignidad demuestra que la democracia y la autoorganización desde las bases y la unidad de colectivos, plataformas y organizaciones, es la mejor forma de contribuir a la masividad y al éxito de las movilizaciones.

Es verdad que no hay una sola manera de hacer las cosas, pero no es menos cierto, que las formas con las que los movimientos sociales veníamos trabajando los últimos años han servido para crear un clima de entendimiento democrático basado en acabar con unas viejas prácticas burocráticas, dirigentistas, que durante más de tres décadas conocimos por parte de los sindicatos mayoritarios, el PSOE o el PCE.

La Marcha del Cambio fue un éxito, pero no por la unilateralidad con la que fue convocada, sino por la desbordante voluntad de cambio que existe entre millones de personas que ya no aguantan más, y que han visto en Podemos la mejor herramienta de cambio político. Podemos aparece como un instrumento práctico para echar al PP y PSOE de las instituciones. Las ganas y la voluntad de cambio han predominado y van a predominar durante un largo período, a las críticas u objeciones (y a los errores de Pablo Iglesias).

Pero sería un gravísimo error de la dirección de Podemos que el cambio y la voluntad de ganar pasaran por encima de las tradiciones y la cultura política democrática que se ha ido forjando con gran esfuerzo desde que irrumpió el movimiento 15M.

Ninguna fuerza política, por importante que sea, representa la pluralidad y las diferentes sensibilidades que existen dentro de los movimientos sociales o de las clases trabajadoras. Ninguna fuerza política que aspire a cambiar la realidad debe pasar por alto la complejidad, la diversidad y la heterogeneidad del tejido social y cultural en la sociedad civil del siglo XXI.

El proyecto: ¿”ganar”?

Pablo Iglesias repite con tanta insistencia que “hemos venido para ganar” que parece que todo se subordine a ese objetivo. La convocatoria del 31 se decidió sin previa consulta porque era necesaria una respuesta rápida a los ataques que, desde diferentes medios, se venían sucediendo a los dirigentes de Podemos. El proceso constituyente dentro de Podemos ha ido mostrando unos déficits democráticos importantes. La apuesta de la dirección por unos criterios monolíticos y excluyentes con los sectores discrepantes ahonda nuestras preocupaciones. La falta de autocrítica interna y pública de algunos errores personales ha sido silenciada al grito de ¡cierren filas que llega el enemigo!

Esta actitud defensiva se ha justificado diciendo que lo importante es ganar. Pero no solo eso. A esta involución democrática le ha seguido otra programática donde se dobla la apuesta mediante una moderación en las propuestas -vía medios de comunicación- sin el menor debate público.

Así hemos podido asistir a la presentación de un documento económico donde se abraza la ideología neokeynesiana o se renuncia a propuestas que fueron aprobadas anteriormente. El desconcierto ha llegado al máximo nivel cuando nos enteramos -por los medios- de las reuniones secretas de Pablo Iglesias, Iñigo Errejón con José Bono y Zapatero; y más aún, cuando el reciente secretario general de Madrid, Jesús Montero, defiende a la familia Botín y a su labor creadora del estado de bienestar social.

Si el objetivo es ganar, ya no sabemos si todo esto forma parte de una nueva estrategia de seducir a las clases medias y a sectores del aparato del Estado; o por el contrario, son giros empíricos provocados por el desorden político.

En cualquier caso, las encuestas siguen dando a Podemos unos resultados espectaculares. Todo lo que hemos criticado en los anteriores párrafos no es la principal preocupación de la ciudadanía. Pablo Iglesias y Podemos siguen (y seguirán por una larga temporada) en un “estado de gracia”, donde se perdona con tal de posibilitar el triunfo de una nueva formación política. El peso en la balanza de la miseria social, la desigualdad, los desahucios, los recortes sociales, el paro y la corrupción es muchísimo mayor que cualquier consideración de carácter democrático o programático tanto dentro como fuera de Podemos.

Hoy lo que importa a la mayoría de los ciudadanos que anhelan el cambio es que ¡SI SE PUEDE!, antes de tener mínimamente claro ¿pero cómo se puede? Eso no quiere decir, para nada, que la gente que conformamos el movimiento de anticapitalistas no nos pongamos manos a la obra en el debate estratégico, programático, táctico y democrático. Somos como un vehículo de dos velocidades: necesitamos ganar al gobierno enemigo, pero también necesitamos reflexionar con nuestros amigos.

Ambas tareas son importantes. Cada una en su justo momento.

Jesús Jaén es miembro de Anticapitalistas

vía - vientosur

 

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