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Bases Mediáticas en América Latina

¿Cómo hay que decirlo?
 
Hoy se comportan como un ejército golpista cada día más coordinado, más veloz y más ubicuo. Son el ariete de las avanzadas invasoras y tienen impunidad absoluta para mentir, en toda escala, incluso con argumentos aberrantes que desafían a toda cordura y a toda justicia. Y una de sus “mercancías” más logradas consiste en hacernos creer que son invencibles y que debemos agradecerles que nos desestabilicen, nos exploten y nos engañen. Ya se ha repetido hasta el cansancio, ya se los ha denunciado en uno y mil foros, los daños están a la vista y los peligros de sus ataques son terriblemente costosos.
 
¿Qué esperamos para actuar? ¿Nos vence el miedo? ¿Nos derrotan sus mentiras? ¿Nos conviene más no tocarlos? ¿Qué hacer? Esto ya no es un problema sólo de “libertad de expresión, sólo de “diversidad de voces” o sólo de “democratización de las herramientas”, es todo junto y, además, es un problema se seguridad nacional… un problema de seguridad regional. A los pueblos sólo los salvan los pueblos.
 
Sería suficiente contar con una cifra bien elaborada sobre el volumen de dinero que manejan en toda la región para que eso, por sí mismo, advirtiera la amenaza política que implica la red de “Bases Mediáticas” que ha proliferado sin control. Sería suficiente mostrar los nombres de las “familias” monopólicas y su conducta latifundista dentro del control de medios. 
 
Sería suficiente entender cómo comercian con la tecnología para la transmisión de información, cómo convierten en mercancía el tiempo y el espacio de sus “concesiones”, cómo influyen sobre la “opinión pública” y cómo se han imbricado, incluso con negocios incompatibles… para entender la envergadura de un problema inmenso que ha rebasado toda ley, toda cordura y todo gobierno. Sería suficiente ver cuántos casos y de desestabilización golpista han alentado desde sus “medios” para no demorar más una acción política continental de repudio, freno y redireccionamiento de los medios y los modos de la comunicación. Y sin embargo…
 
Ha sido un error dejarlos hacer metástasis ideológica y es un peligro ese desarrollo monopólico de las herramientas de “comunicación” que ha proliferado en nuestros países con toda impunidad e impudicia. Es un error obvio y un peligro creciente que deja al descubierto no sólo debilidades e ignorancias, también complicidades -concientes o inconscientes- que cuestan muy caras a los pueblos porque ellos, los monopolios, tienden a radicalizarse y perfeccionarse en sus capacidades de defensa y en sus ataques. 
 
Las Bases Mediáticas controlan economías enteras (bancos, empresas, turismo…farándula). Controlan escuelas universidades e institutos de todos los niveles y todos los perfiles. Controlan transferencia tecnológica, publicidad, distribución y mantenimiento en materia de comunicaciones. Controlan campañas y procesos electorales y sus rutinas informativas, hora por hora. Controlan la producción de papel, el tiempo libre y el gasto en bebidas embriagantes, locales de apuestas, deportes y espectáculos. Controlan modas y tendencias ideológicas, venta de libros, folletos y opinología de ocasión. Controlan los valores y los antivalores como la “belleza”, lo “feo”, lo “bueno”, lo “malo”, lo “exitoso” más la violencia física y sicológica televisadas sin freno. Controlan el estado del ánimo y cancelan la libertad de expresión. Controlan las leyes, los reglamentos, los códigos, las jurisprudencias y los jurisconsultos. Controlan la agenda temática de cada día y de todos. Controlan lo que debe ser visible y lo que debe ser invisibiizado. ¿Falta algo?
 
La concentración de los medios de comunicación suele ser reconocida como un obstáculo a la pluralidad. En diversas regiones del mundo existen límites legales a la concentración de muchos medios en pocas manos pero en América Latina ese no suele ser un tema destacado en la discusión acerca de los medios[1] TELEVISA incrementó un 30,7% anual sus ganancias en el segundo semestre del año. Los ingresos se situaron en 18.065 millones de pesos mexicanos (1.403 millones de dólares)[2].  La consultora McKinsey mostró estudios en los que Internet representa un 3,4% del PIB en 13 países (los del G8 -Francia, Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, Italia, Japón, Canadá y Rusia, más Brasil, China, India, Corea del Sur y Suecia) y contribuyó en un 21% de su crecimiento en los últimos cinco años.[3] El principal servicio informativo en torno al estado de Internet en el mundo, estima que la población de usuarios de la web en el planeta asciende a 1,733,993,741. La penetración mundial de Internet fue establecida en 25.6%.[4] Porcentaje de las frecuencias de televisión que controlan Televisa y TV Azteca en el país: 94%. [5]
 
Nosotros no podemos seguir equivocándonos. Hemos errado en materia de comunicación, una y otra vez.  Seguimos expuestos al peligro de la “guerra mediática” asimétrica y no logramos, aun siendo mayoría, articular las fuerzas, que sí tenemos, con un programa emancipatorio permanente. Nosotros no podemos cansarnos, ni podemos desistir, de todas las insistencias transformadoras que nos permitan avanzar y nos permitan completar nuestras autocríticas y tareas democratizadoras de la comunicación. Esto es un problema de seguridad de los pueblos, la agresión más brutal de las mafias mediáticas es contra la clase trabajadora y los estragos son  incontables, aberrantes, monstruosos e injustos. ¿Nos quedaremos cruzados de brazos?
 
Notas
 
 
 
[3] Internet y el G8 sin los usuarios http://www.rebelion.org/noticia.php?id=129208
 
 
 
Dr. Fernando Buen Abad Domínguez
Universidad de la Filosofía

Fuente: Alainet

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