Venezuela: Escenarios indeseables

La vía electoral le ha permitido a la izquierda latinoamericana alcanzar mayores éxitos que con la lucha armada. Con esta solo Cuba se ha mantenido por largo tiempo.

El otro caso fue Nicaragua. Como sabemos, el Sandinismo alcanzó un resonado triunfo insurreccional, pero al cabo de un cierto tiempo perdió el poder tras ser derrotado en unas elecciones. Luego, a través de otras, se hizo de nuevo con la mayoría.

El ejercicio democrático ha impulsado en varios países el arribo al poder de Fuerzas Progresistas e instalados gobiernos orientados a la izquierda, con todo el significado que ellos tienen para los intereses tradicionalmente dominantes en los Estados Unidos, donde aun nos ven como su “Patio Trasero”. La lista es larga, tanto que abarca la mayoría de los países que conforman Sur América.

En nuestro caso es bien sabido que Chávez no tuvo éxito en el intento de Golpe de Estado que promovió. Si hoy es Presidente ha sido por haber triunfado en varios procesos electorales. En cada crisis severa por las que ha atravesado su mandato, ha logrado salir airoso luego de realizado un evento democrático.

Quizás muchos en la oposición venezolana piensen que el gran error durante el Golpe de Estado del 11 de abril de 2002, fue no haberlo sabido concretar. Y no fue así, el gran error, que aun pagan, fue haber tomado el atajo golpista, violentando la Institucionalidad a duras pena mantenida tras la larga crisis política que nos ha conmovido desde 1989.

De nuevo el escenario de una salida golpista retumba por los rincones, al punto que varios comentaristas político, de uno y otro signo, lo examinan como curso político probable. Por lo tanto, es un escenario que debe formar parte de la agenda de algunos actores políticos y económicos.

Desde la oposición se sienten voces que expresan desesperanza ante las pocas posibilidades de Capriles Radonski para alcanzar el triunfo. En algunos se perciben desesperación al sentir que un nuevo mandato de Chávez los liquidaría como factores de poder. Acostumbrados a medrar del Estado en su posición privilegiada de “prohombres de la patria”, observan con envidia y resentimientos como los “negocios” los están haciendo otros. Son los mismos que elevan sus críticas porque a una mujer cargada de hijos le asignen una ayuda, fomenta la flojera, dicen, pero ven bien que ellos se apalanquen y se aprovechen del dinero público.

Bien, algunos de estos sectores parece que promueven una salida militar con apoyo extranjero. Esto no parece extraño ni imposible, dada la actividad desplegada desde el Departamento de Estado y la segura presencia de factores opuestos a Chávez en el seno de la FAB (Fuerza Armada Bolivariana). En fin, esta es el reflejo del país: Chávez puede ser mayoría, pero no tendría unanimidad. A ello hay que sumar los problemas propios de la organización en sí.

¿Qué pasaría si se produjera un Golpe de Estado? La paz inestable que aun tenemos se iría al diablo; la violencia masiva se apoderaría de nuestras calles; la ruina económica alcanzaría a mucha gente, especialmente a los más vulnerables; el número de víctimas sería incalculable. Si el Golpe triunfara, luego de un gran derramamiento de sangre, es muy probable que la violencia se instale por largo tiempo, agudizándose y tomando expresiones diversas.

También se dice que existe gente en el Chavismo apostando por una salida golpista. Aun cuando luzca extraño, puesto que hoy por hoy aparecen como la Fuerza con mayor posibilidad de alzarse con el triunfo el próximo 7 de octubre.

Aun así, supongamos que existan quienes así piensan, y que en un momento dado cuenten con las posibilidades de hacerlo. Si así fuese, desde el propio pueblo chavista surgirían manifestaciones de rechazo. Basta la más mínima investigación de opinión para corroborar que en este sector los cambios son pensados en el marco de una democracia. Los países amigos, además, también rechazarían una acción como esta. Total, un golpe desde el chavismo no tiene viabilidad ni en el corto ni en largo plazo.

La oposición venezolana está viviendo un proceso de recomposición. El surgimiento de un liderazgo tremendamente joven pasa factura en la coyuntura, pero también indica la existencia de potencialidades que no se agotarían el 7 de octubre. Una derrota en esta fecha es factible que se convierta en el inicio de su verdadero ascenso. Esto a condición de que no se dejen arrastrar por los desesperados.

Por otra parte, este pudiera ser el último período presidencial de Chávez. En un Sistema democrático, una larguísima permanencia en el poder, no es tolerada fácilmente, mucho menos cuando este se concentra en una persona. La imagen del Presidente ocupándose de todo, hasta de lo más mínimo, no habla bien de las capacidades del Sistema; al contrario, hace evidente la ausencia de un liderazgo colectivo que la situación reclama.

Fuente: rebelion.org

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