Las familias comienzan a tirar del ahorro para poder salir adelante

- Cotizalia.com
La crisis económica ha entrado en una nueva fase. La renta disponible de las familias cae con fuerza por la moderación de la remuneración de los asalariados y por la destrucción de empleo. Y, como consecuencia de ello, los hogares no tienen más remedio que tirar del colchón del ahorro para salir adelante. Lo puso ayer negro sobre blanco el Instituto Nacional de Estadística (INE). Según sus datos, mientras que la renta disponible de los hogares retrocede un 1,5% en términos anuales (primera caída en décadas), el consumo crece con fuerza: un 5,9%.

La consecuencia de esta divergencia no puede ser otra que una intensa caída del ahorro. En el segundo trimestre del año se situó en el 16,2% de la renta disponible, lo que significa 1,5 puntos porcentuales menos que en el trimestre anterior. Aunque la cifra se sitúa todavía en niveles elevados, lo relevante es que frente a lo que ha sucedido en otros ciclos, la financiación del consumo coincide con un claro retroceso de la renta disponible de las familias, que hace apenas un trienio crecía cerca del 5%.

O expresado en otros términos. Las familias ahorraron en el segundo trimestre del año 32.847 millones de euros, lo que supone 11.433 millones menos que en el trimestre anterior. En otros periodos históricos, el consumo se financiaba vía endeudamiento o mediante un aumento de la renta disponible gracias a la creación de empleo o la revalorización de los activos (principalmente vivienda), pero en estos momentos sólo el colchón del ahorro y las transferencias del Estado vía presupuestos (principalmente en desempleo) financian el incremento del consumo. El ‘efecto riqueza’ -por la revalorización del ladrillo- se ha evaporado de la economía española.

Aceleración del consumo

El otro factor que podría explicar la aceleración del consumo podría tener que ver con una súbita mejora de los indicadores de confianza de los hogares sobre el futuro de la economía; pero las cifras no van, precisamente, en esa dirección. El indicador de confianza del consumidor (diferencia entre opiniones positivas y negativas) se situó en el segundo trimestre en 22,9 puntos negativos, por encima de los 18,2 puntos registrados en el trimestre anterior. Es decir, que la confianza no sólo no se recuperó sino que se redujo un poco más.

El descenso de la renta disponible de las familias en lo que va de año es un hecho verdaderamente inusual. Incluso el propio Banco de España recordaba en su último informe anual que en 2009 -el año de mayor caída del PIB desde que en 1954 el INE comenzó a publicar la Contabilidad Nacional- la renta de los hogares creció un 1,1%. Y ello pese a la desaceleración de la remuneración por asalariado, la destrucción de empleo y el retroceso de los beneficios de los empresarios individuales. El banco central lo achacó al notable efecto expansivo de la política fiscal, a la disminución de los pagos netos por intereses y al descenso de la inflación, que contribuyeron a sostener las rentas familiares.


Todos estos impulsos son los que se han agotado en 2010. Los tipos de interés han comenzado una suave pendiente alcista, la inflación ha repuntado hasta el 2% en septiembre y sólo las transferencias públicas vía desempleo son capaces de financiar una parte del consumo. De ahí que la subida del 5,9% del consumo en el segundo trimestre tenga tintes sorprendentes. La subida del IVA a partir del 1 de julio -al adelantarse muchas compras para pagar menos impuestos- puede explicar en parte esta aceleración del gasto de las familias, incompatible, como se ha dicho, con el descenso de la renta disponible.

La utilización del ahorro para financiar el consumo es, precisamente, el principal instrumento con que cuenta el Gobierno para impulsar el consumo en los próximos trimestres, habida cuenta de que no hay que esperar prácticamente nada del empleo o la remuneración de los asalariados. Esto es, al menos, lo que confesó el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, a un grupo de analistas antes del verano.

Y esto explica que en las previsiones para 2011 el Gobierno haya previsto un aumento del consumo privado de nada menos que el 1,8%, muy por encima de lo que estiman los principales institutos de coyuntura. Esa tasa -en un contexto macroeconómico extraordinariamente débil- es, incluso, muy superior al 0,5% estimado para este año, lo que significa que sólo puede financiarse tirando de la hucha del ahorro.

Las previsiones del Servicio de Estudios del BBVA hablan de que la tasa de ahorro caerá este año hasta el 16,8% de la renta disponible; mientras que el año próximo descenderá todavía hasta el 15,7%. Lejos del 18,8% alcanzado el año pasado, pero muy por encima de los niveles medios del 11% registrados en los años inmediatamente anteriores a la crisis, y que marcan los niveles mínimos desde que en 1959 se pudo en marcha el Plan de Estabilización. Los niveles actuales de ahorro son similares a los que existían en los años 70, pero con una notable diferencia: el endeudamiento de las familias es hoy muy superior al que existía por aquel tiempo.

Tirar del ahorro para financiar el consumo es jugar con fuego en una economía como la española, que pese al brutal ajuste que ha sufrido en los dos últimos años aún registra un gigantesco déficit exterior, lo que refleja una falta de recursos para financiar la economía. Salvo en el caso de los hogares. Durante el segundo trimestre, las familias tuvieron una capacidad de financiación de 18.227 millones de euros, un 6,7% del PIB. Ahora bien, como recuerda el INE, este montante es 8.793 millones de euros inferior al obtenido en el segundo trimestre de 2009.

Los datos de Estadística reflejan que las necesidades de financiación de la economía frente al resto del mundo se situaron en el segundo trimestre del año en 11.664 millones de euros. Es decir, nada menor que el 4,3% del producto interior bruto, una décima más que hace un año. Y eso que la economía se ha ajustado de forma notable.

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