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La hipocresía y el cinismo de Felipe González contra Venezuela


No cesa la campaña sostenida de desprestigio feroz, hipocresía, cinismo y falsedad contra Venezuela, siendo su principal adalid o baluarte el expresidente español Felipe González. El país bolivariano es un tesoro de incalculable valor para los intereses en la sombra que representa el inefable político: cuenta con las reservas de petróleo más importantes del mundo. De ahí se desprende que continuará figurando como objetivo prioritario de las iras furibundas de la elite internacional si sus gobernantes persisten en llevar a cabo acciones sociales tendentes a un reparto más equitativo de la riqueza entre sus habitantes.

Amparado y alentado por el grupo multinacional Prisa, González reparte estopa irracional y odio derechista contra Venezuela de la mano de amigos de tanta altura ética como Mariano Rajoy y el expresidente colombiano Álvaro Uribe. También se ha unido a la componenda el británico David Cameron para darle un barniz europeísta a la nueva andanada dialéctica.

Felipe González, recordemos, es un jubilado de lujo de 80.000 euros de sueldo vitalicio anual más coche oficial, escolta y dos asistentes a su completo arbitrio personal. Además, realiza chapuzas a modo de conferencias por las cuales cobra entre 30.000 y 40.000 euros por pieza. Y entre 2010 y 2015 fue consejero, gracias a las puertas giratorias, de Gas Natural Endesa, percibiendo 127.000 euros de vellón en 2014 por sus sabios conocimientos en materia energética. Completa su nómina a sueldo (se desconoce su cuantía) como asesor del multimillonario mexicano Carlos Slim. Desde esta perspectiva económica emite sus cruentas y aceradas opiniones en el asunto venezolano.

Los méritos morales de Rajoy y Cameron son de dominio general. No obstante, merece una consideración breve su aliado actual Álvaro Uribe, que presidió con mano de hierro Colombia entre 2002 y 2010. De extrema derecha por convicción e hijo de multimillonario, dejó su querido país con 32.000 desaparecidos, pesando contra él sospechas más que fundadas de genocidio, narcotráfico, represión indiscriminada y corrupción. Una joya democrática, vamos.

También son oportunas aquí dos opiniones críticas de Attac España y Amnistía Internacional sobre el último periodo de gobierno del PP y su ley mordaza. Attac asegura que la represión de las protestas ciudadanas en España contra su política neoliberal está alcanzando “extremos incompatibles con la democracia”. Según Amnistía Internacional Rajoy y su Gobierno han reducido “el respeto de los derechos humanos en España, el derecho de reunión pacífica, de asociación y expresión, y los rebaja en contra de las normas de derechos humanos y obligaciones internacionales que España ha firmado y ratificado”. Dos versiones independientes que dejan a Rajoy a la altura del betún. Sin paliativos: todo un referente negativo del peor pedigrí democrático para exigir libertad y democracia a las autoridades venezolanas. O Felipe González se ha vuelto loco o es que ya no le queda nada de ética socialdemócrata y vergüenza personal de antiguo abogado laboralista.

Lo que calla González

Sostiene González que “no decir nada también es tomar partido” en el caso de Venezuela. Añade asimismo que “la democracia es una y universal”, llegando a la conclusión con sus amigos ya mencionados de que “Venezuela grita libertad”. Bonitos eslóganes de propaganda vacía. Llama la atención que los selectivos pabellones auditivos de González no hayan escuchado en su momento los golpes de Estado en Honduras durante 2009 y en Paraguay en 2012, ni las torturas en el centro ilegal de EE.UU. en Guantánamo, ni la violencia institucional e histórica en México y Colombia. Podrían citarse muchos más ejemplos similares. En ninguno de ellos hemos visto alzarse el gesto ético y la voz indignada de Felipe González para denunciar con vigor tales desafueros antidemocráticos o de lesa humanidad.

Tomemos, pues, partido decidido por los datos fríos, los hechos crudos y la verdad que se desprende de ellos.

Por Guantánamo han pasado a la fuerza y sin supervisión judicial unos 8.000 presos, de los cuales solo 7 han sido declarados culpables, aunque de forma ilegítima y en ausencia de cauces y procedimientos con mínimas garantías legales. Allí, los detenidos han sufrido calamidades y humillaciones de todo tipo, incluyendo a adolescentes, enfermos mentales y ancianos. La lista de atrocidades perpetradas por EE.UU. no es apta para mentes demasiado pusilánimes.

En Colombia se registraron en 2014 3.500 asesinatos de sindicalistas y en lo que va de año 2015 300 líderes campesinos han muerto en circunstancias extrañas o alevosas y, por supuesto, todavía no esclarecidas ni apresados sus autores criminales.

Por lo que respecta a México, de 2007 a 2014 se han producido más de 160.000 asesinatos de civiles, cantidad que supera la cifra de ciudadanos no militares caídos en las guerras de Afganistán e Irak. En 2015 tuvo lugar la masacre de Ayotzinapa, donde 43 estudiantes, activistas de izquierda, fueron asesinados por autores que permanecen aún en el anonimato y la impunidad absoluta.

¿Dónde estaba agazapada entonces la autoridad ética y democrática de Felipe González? ¿Dónde su moralidad de político de principios insobornables en la traición al Frente Polisario por un Sáhara independiente y contra las tropelías del sionismo israelí en Palestina y su vulneración sistemática de los derechos humanos y de las resoluciones de la ONU? Como puede observarse, cuando González dirige sus invectivas contra Venezuela es cínico e hipócrita mientras calla y se esconde ante innumerables barbaries del mundo libre al que dice pertenecer y defender a ultranza.

Según datos de la ONU, UNICEF y CELAC, cuando Hugo Chávez accedió a la presidencia en Caracas la pobreza severa afectaba al 25 % de la población; en 2007 se redujo a la mitad y hoy se sitúa por debajo del 5 %. En total, se estima que en Venezuela malviven 13 millones de personas pobres. En España, son 13 millones; 11 en Argentina, 20 en Colombia, 40 en Brasil y 55 en México. Venezuela no es perfecta pero estos números reflejan una comparativa excelente para ponderar las críticas sin fundamento que se utilizan como basura ideológica con el fin de desprestigiar a la ligera la revolución bolivariana.

Más datos sobre la deuda pública de los mismos países antes reseñados. Venezuela tiene una deuda que representa alrededor del 45 % de su Producto Interior Brutos (PIB); España alcanza el 99 %; Brasil el 65 %, México el 50 %, y Argentina y Colombia alrededor del 45 % de su respectivo PIB. Cada español debe de media 22.000 euros y cada venezolano unos 2.500 euros. El peso de la deuda supone per cápita en Brasil cerca de 6.000 euros, 4.500 en Argentina, 4.000 en México y 2.600 en Colombia.

Venezuela asigna un 20 % de su PIB a inversión en el sector educativo mientras España dedica al mismo fin la mitad, el 10 %. Además, para 2016, Caracas ha previsto un aumento del 25 % en gasto social. La inversión educativa en Argentina supone un esfuerzo de casi el 25 % de su PIB, y 19 %, 17 %, y 15 % aproximadamente en México, Colombia y Brasil por este orden de mayor a menor.

Por lo que se refiere a validaciones electorales, las victorias de Hugo Chávez fueron repetidas, oscilando entre el 55 % y el 62 % de apoyo ciudadano. Sus principales oponentes de la derecha obtuvieron el respaldo del 40 %. Bien es cierto que el actual presidente Nicolás Maduro ganó al candidato de la derecha Henrique Capriles en 2013 por un estrecho margen de 220.000 sufragios. Pero ganó, y en las urnas, como tanto gozo la causa a Felipe González (en otros países con ejecutivos neoliberales y derechistas).

Estrategia reaccionaria contra Maduro

En la estrategia de la derecha internacional por desacreditar a Maduro y el movimiento bolivariano todo es rigurosamente limpio y moral, estando fijada una fecha clave inmediata, el 6 de Diciembre, día que se celebrarán elecciones parlamentarias en el país. Han de meter máxima presión e intentar poner en duda un hipotético resultado adverso de sus conmilitones reaccionarios en Venezuela. Por ello, a partir de ya sonarán trompetas de guerra para procurar socavar la posible victoria de Maduro y la izquierda en su conjunto.

El esfuerzo intoxicador viene de lejos, habiendo convertido en mártires a dos políticos de la ultraderecha más rancia con el fin de poner en dar una estocada mortal a la legitimidad democrática de Maduro y su gobierno. Los dos luchadores por la libertad elegidos de una terna de impresentables son Antonio Ledezma y Leopoldo López.

Ledezma vive de la política activa con diferentes cargos de responsabilidad a su espalda desde 1984. Entró en liza como miembro de Acción Democrática, liderado entonces por Carlos Andrés Pérez, expresidente de Venezuela y amigo íntimo de Felipe González condenado en sentencia firme por corrupción y malversación de fondos públicos.

La hoja de servicios públicos de Ledezma está plagada de acontecimientos luctuosos o autoritarios y decisiones más que dudosas: toques de queda, suspensión de garantías constitucionales, masacres en cárceles, represión policial con resultado de víctimas mortales, malversación de caudales, persecución política, despido injustificado de trabajadores y golpismo. Todo presunto. Entre sus amigos internacionales figuran Mariano Rajoy, Aznar, Uribe, Mauricio Macri, Netanhayu y el ínclito González.

Leopoldo López, por su parte, elevado a la cumbre de campeón de la libertad, estudió en Harvard y se le vincula a la CIA. Hijo de papá, de ideología de extrema derecha, ha tenido gusto toda su vida por el golpismo y las tramas entre bambalinas contra los procesos democráticos en Sudamérica. Algunas informaciones lo relacionan con Pablo Casado y Ángel Carromero en acciones o escarceos desestabilizadores de baja intensidad contra Cuba. Un chico listo de cartera gorda y estudios en las mejores escuelas con perfil guapo y resultón. Eso es López. Nada más pero nada menos.

El último eslabón de esta cadena de mentiras urdidas en contra de la revolución bolivariana tuvo lugar el 25 de Noviembre, cuando un militante de la oposición a Maduro cayó abatido por las balas durante la celebración de un mitin con presencia de Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López. Toda la oposición acusó al instante, sin ninguna prueba, al gobierno de Nicolás Maduro. El eco de resonancia de los mentores internacionales de López y su camarilla hizo el resto: condenar la violencia que reina en Venezuela y censurar el proceso electoral inminente.

Pero la verdad es otra, que no han recogido ni en notas sueltas los mass media proclives a satanizar a Venezuela sistemáticamente desde los tiempos de Chávez. Luis Manuel Díaz, el activista asesinado, estaba siendo investigado por homicidio desde 2010 y era cabecilla de una banda sindical amarillista del sector petrolero. Al parecer, según todos los indicios, la criminal acción corresponde a un ajuste de cuentas puro y duro por autores miembros de otra banda rival. De hecho, ya hay tres detenidos como presuntos asesinos de Díaz.

No importa la escrupulosa realidad, lo que González y sus secuaces pretenden es crear alarma social y provocar en Venezuela un clima insoportable de tensión política con el agregado de una psicosis colectiva que permita invalidar las elecciones y poner en entredicho la credibilidad de Maduro. En esas están y nunca se sabe hasta donde alcanzará su inquina en un país en permanente vigilancia y acoso por parte de EE.UU., con intento de asonadas golpistas repetidas y constantes.

A pesar de todo lo expuesto, Felipe González sigue contumaz en su cruzada anti-Venezela. En su PSOE, la gente adora su imagen icónica de santón venerable y los barones le ríen las gracietas como si nada, adulándole en público y en privado como una vieja gloria intachable e inatacable desde ningún punto de vista.

Gónzalez vive del sistema y por el sistema a las mil maravillas. Pero hay que salir al paso de sus hipocresías, cinismo, intereses ocultos y mentiras manifiestas porque mantiene un crédito alto en el escenario mediático que puede hacer un enorme daño en mentes de izquierda poco avisadas con las maniobras dialécticas y sucios manejos ideológicos que se gasta el susodicho.

Felipe González tiene mucho peligro: juega con su pasado izquierdista para ganar adeptos a la causa de las elites. Es incluso más peligroso que Aznar: a este se le ve venir. González, por su parte, usa de su añejo prestigio de moderación equidistante para destilar su odio a pequeñas dosis, entre silencios elocuentes y cobardes y declaraciones ampulosas a favor de lo más rancio de la derecha internacional y el imperio USA.

¡Qué fácil e indecente es lanzar ponzoña contra Venezuela al tiempo que se tienen excelentemente cubiertas las espaldas por el poder de las elites internacionales! Así es Felipe González, un demócrata narcisista de toda la vida fuerte con los débiles y débil con los fuertes. Uno más de la cuerda neoliberal con etiqueta de izquierdista de pacotilla y mucha labia estética y vacía.

via -diario octubre
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